¡CRUELDAD ABSOLUTA! CASI 700 MIL ABUELOS CONDENADOS A TRABAJAR PARA NO MORIR DE HAMBRE POR EL AJUSTE SALVAJE

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La “motosierra” de Milei no tiene piedad: ante el vaciamiento de las cajas jubilatorias y haberes que son una limosna, nuestros mayores se ven empujados a la precarización y las “changas” para sobrevivir. Mientras el Gobierno celebra el superávit financiero sobre la sangre de los jubilados, la calle se llena de abuelos que ya no pueden descansar.

El modelo de “libertad” que pregona la Casa Rosada tiene una cara oculta y tenebrosa: la de la exclusión y el desamparo. Un reciente y desgarrador informe de la consultora Politikon Chaco ha puesto números al drama social que el oficialismo intenta tapar con trolls y discursos mesiánicos. En la Argentina del 2026, casi 690.000 jubilados fueron expulsados del descanso para caer en la selva de la informalidad laboral.

UN RÉCORD DE MISERIA PLANIFICADA

Los datos son una bofetada a la dignidad humana. En el último trimestre de 2025, los trabajadores de 65 años o más ya representan el 5,1% del total de ocupados. No es una “elección de vida” ni ganas de mantenerse activos: es la estrategia de supervivencia de una generación que trabajó toda su vida para terminar mendigando un puesto de trabajo en condiciones deplorables.

Desde que se profundizó el modelo extractivo y de ajuste, la cantidad de adultos mayores buscando un peso extra subió un 32,6%. ¡Una verdadera masacre social! Mientras el Gobierno destruye el empleo joven (que solo creció un ridículo 4,9%), obliga a los abuelos a volver al ruedo bajo el sol o el frío, quitándoles los años que deberían ser de paz.

DEL CUENTAPROPISMO A LA PRECARIZACIÓN TOTAL

La mayoría de estos abuelos —el 48,1%— cae en el “cuentapropismo”, que en el diccionario del ajuste significa “arreglate como puedas”. Ya no son los dueños de comercios o patrones de antaño; hoy son jubilados haciendo changas en la construcción, vendiendo lo que pueden en ferias o realizando servicios jurídicos y contables por migajas para pagar la boleta de luz o los medicamentos que el PAMI ya no cubre.

La Ciudad de Buenos Aires (7,6%) y el Gran Tucumán (6,5%) lideran este triste ranking de la explotación senil. Es la postal de un país que retrocede un siglo: el abuelo que debería estar con sus nietos, hoy está levantando paredes o vendiendo comida en una esquina.

LA TRAMPA DE LA INFORMALIDAD

El cinismo oficial se choca de frente con la realidad de los números:

  • Informalidad galopante: En 2025, la informalidad entre los mayores saltó al 55,7%.
  • Sin derechos: Más de la mitad de los jubilados que trabajan lo hacen “en negro”, sin obra social, sin ART y sin protección alguna.
  • Caída en picada: En solo dos años, la precarización se disparó, coincidiendo con el congelamiento de haberes y la inflación galopante que este Gobierno dice haber “domado” a costa del hambre del pueblo.

¿HASTA CUÁNDO, MILEI?

Mientras el Presidente se dedica a viajar por el mundo y a recibir premios de dudosa procedencia, en los barrios del Conurbano y el interior profundo, los jubilados lloran frente a las góndolas. La casta no eran los políticos, eran los abuelos.

Este es el resultado del plan económico de hambre: una vejez hipotecada, una clase pasiva que ya no es pasiva porque si se detiene, no come.

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