La motosierra del gobierno nacional se está cobrando vidas de la manera más silenciosa y cruel. Mientras la tasa de suicidios se disparó un dramático 21,6% en todo el país y los intentos en la Ciudad de Buenos Aires saltaron un 44%, el Ministerio de Salud mantiene paralizado el presupuesto del área, ejecutando menos del 7%. Ahora, como única “solución” al desamparo de las familias trabajadoras, el oficialismo impulsa en el Senado una reforma para facilitar encierros involuntarios. El retorno al manicomio en la era de la insensibilidad.
En la casa de Claudia (50) ya no hay encendedores ni medicamentos sueltos. Los cuchillos los esconde, y solo los saca cuando tiene que cocinar. Su hijo de 16 años, consumido por una crisis de salud mental que el sistema se niega a atender, la amenazó con matarse frente a sus ojos. Claudia es una trabajadora más que hoy vive en un infierno, víctima de la desidia de un Estado que decidió retirarse.
Probó llevarlo a las guardias de los hospitales porteños y bonaerenses. La respuesta fue la misma: la nada misma. “Si me quedo con él no puedo ir a trabajar y si no trabajo, no comemos”, resume con la crudeza del pueblo que no llega a fin de mes. Cuando finalmente una psicóloga del municipio le recomendó judicializar el caso para salvarle la vida al chico, Claudia chocó contra la burocracia del ajuste: las ambulancias no llegan de noche, los fines de semana “no hay traslados” y, cuando finalmente lográs conseguir el móvil y el patrullero, no hay camas en los hospitales.
¿Cuántas familias argentinas están viviendo hoy la misma tragedia a puertas cerradas?
La pandemia de la desesperanza: Los números del colapso
Mientras el gobierno celebra la “macroeconomía” en redes sociales, la realidad en la calle es devastadora. Las políticas de hambre, la precarización laboral extrema y la ruptura del tejido social están empujando a miles al abismo.
Los datos oficiales, que el gobierno intenta esconder bajo la alfombra, son escalofriantes. El propio Sistema Nacional de Información Criminal confirmó que la tasa de suicidios aumentó un 21,6% en 2025, llegando a 5.209 víctimas fatales.
En la Ciudad de Buenos Aires, el bastión del PRO, la situación está completamente desbordada: los intentos de suicidio crecieron un 44% solo entre enero y mayo de este año en comparación con 2025. En Zárate, la desesperación llegó a tal punto que el municipio tuvo que poner “guardianes” evangélicos en el puente Zárate-Campana para evitar que la gente se arroje al vacío ante la falta de asistencia profesional estatal.
El drama golpea con saña a nuestros pibes. Según la Sedronar, la edad de inicio del consumo de tranquilizantes bajó de los 14 a los 12,6 años. Los chicos se están automedicando para soportar la angustia de un futuro que les robaron.
Motosierra a la salud pública: El presupuesto del abandono
Para el gobierno de Javier Milei y su ministro Mario Lugones, la salud mental no es un derecho, es un gasto a recortar.
La Ley Nacional de Salud Mental exige que se destine al menos el 10% del presupuesto de salud al área. Sin embargo, en el país de la motosierra, este año apenas se le asignó el 1,65%. Peor aún: a mediados de mayo, en medio de este estallido de crisis, apenas se había ejecutado un miserable 6,2% de esos fondos magros, agravado por un brutal recorte de $63 mil millones al sistema de salud pública.
Mientras las familias estallan por no poder pagar un psicólogo privado o una prepaga, el Estado nacional guarda la plata para mostrar superávit fiscal. Es una política de crueldad planificada.
Encerrar para no curar: El retorno al modelo del manicomio
Ante el colapso que ellos mismos profundizaron, el oficialismo busca aprobar la semana que viene en el Senado una modificación a la Ley de Salud Mental de 2010. ¿El objetivo? En lugar de invertir en prevención, equipos interdisciplinarios, contención comunitaria y oportunidades para los jóvenes, buscan facilitar las internaciones involuntarias y volver a habilitar los neuropsiquiátricos.
El proyecto del Ejecutivo cambia la figura legal: ya no será necesario probar un “riesgo cierto e inminente” para internar a alguien contra su voluntad, bastará con una evaluación de “riesgo grave”. En criollo: quieren esconder a los caídos del sistema bajo llave. Es el regreso a la lógica del encierro y el manicomio, centralizando nuevamente el poder absoluto en la figura del psiquiatra y olvidando el contexto social, económico y familiar que empuja a esa persona al quiebre.
Dos modelos de país en medio de la emergencia
Frente al vaciamiento nacional, las diferencias de gestión quedan expuestas. Mientras en la Ciudad de Buenos Aires los turnos están saturados y la respuesta llega tarde, desde la Provincia de Buenos Aires el ministro Nicolás Kreplak advierte que la salud mental “no es un problema individual, es comunitario”.
A contramano del ajuste nacional, el gobierno bonaerense de Axel Kicillof incrementó un 70% las camas y un 40% el personal destinado a salud mental, habilitando guardias de 24 horas en todos los hospitales públicos. Pero el esfuerzo provincial no alcanza a tapar el agujero negro que genera un gobierno nacional ausente.
El pueblo trabajador está pidiendo auxilio. Las guardias están colapsadas, las familias destruidas y los pibes sin futuro. Pero en la Casa Rosada, el único número que importa es el del Excel.