Femicidio de Agostina Vega: prisión preventiva para tres acusados y una causa que estremece a Córdoba

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A más de un mes del femicidio de Agostina Vega, la Justicia de Córdoba dictó prisión preventiva para Claudio Barrelier, Osvaldo Fassetta y Soledad Andreani, tres de los acusados en una causa que expone una vez más el costado más brutal de la violencia contra las mujeres y las infancias en la Argentina.

La medida fue ordenada por el fiscal Raúl Garzón, quien lleva adelante la investigación por el crimen de la adolescente de 14 años, asesinada y descuartizada en Córdoba. El caso generó una profunda conmoción social y volvió a encender el reclamo por respuestas urgentes frente a una cadena de violencias que, según la familia, pudo haber sido advertida antes.

El principal acusado es Claudio Barrelier, quien enfrenta una imputación por homicidio triplemente calificado. La acusación incluye alevosía, ensañamiento y el agravante de haber cometido el hecho en un contexto de violencia de género. Para la investigación, su situación procesal es la más comprometida dentro del expediente.

En tanto, Osvaldo Fassetta y Soledad Andreani fueron acusados por encubrimiento agravado. Fassetta alquilaba en la vivienda ubicada sobre Juan del Campillo al 800, mientras que Andreani aparece vinculada al Ford Ka negro investigado en la causa y a la administración del bar Wachitas.

Una investigación que apunta a más responsabilidades

La situación de Mariana Palmero, pareja de Barrelier, todavía debe ser definida por la Justicia. La mujer también está imputada por encubrimiento agravado, aunque hasta el momento no recibió prisión preventiva. Su rol quedó bajo la lupa luego de que se incorporaran nuevos elementos al expediente.

De acuerdo con la investigación, Palmero se encontraba en la vivienda durante la noche del crimen. Los peritajes acústicos realizados en la causa habrían determinado que resultaba muy difícil que no hubiera escuchado ruidos dentro del lugar. Además, el análisis de su teléfono celular detectó un mensaje enviado a Barrelier esa misma noche, en el que preguntaba: “¿Qué es ese grito?”.

Ese dato se convirtió en una pieza sensible para los investigadores y derivó en su detención. Palmero aún no prestó declaración indagatoria, por lo que se espera que en los próximos días pueda aportar información clave sobre lo ocurrido y sobre la posible participación de cada uno de los imputados.

La causa no solo avanza sobre los acusados directos. También abre una pregunta incómoda y dolorosa: cuántas personas pudieron haber sabido algo, escuchado algo o visto algo, y aun así no actuaron a tiempo.

El dolor de una madre y el reclamo de justicia

Melisa Heredia, madre de Agostina Vega, habló públicamente por primera vez tras el femicidio y fue aceptada como querellante en la causa. Su testimonio dejó al descubierto el dolor de una familia destruida y el reclamo desesperado de justicia.

“Les tienen que dar perpetua, porque me hicieron un daño enorme. Yo a mi hija no la voy a ver más. La extraño todos los días de mi vida”, expresó la madre de la adolescente. También denunció que tanto ella como su hija fueron blanco de comentarios crueles y versiones falsas que profundizaron el daño.

Heredia aseguró que su familia atraviesa tratamiento psicológico y que el impacto del crimen es irreparable. Agostina iba a cumplir 15 años este mes y, según relató su madre, la fiesta ya estaba organizada. Ese dato golpea con fuerza porque muestra la dimensión humana de una tragedia que no puede quedar reducida a un expediente judicial.

La madre también señaló que, para ella, podría haber más personas involucradas. “Mi hija pidió ayuda y nadie hizo nada”, afirmó, en una frase que resume la bronca de una sociedad cansada de llegar tarde cuando se trata de proteger a las víctimas.

El engaño que quedó registrado en un audio

Según la reconstrucción judicial, el crimen habría ocurrido en un contexto de confianza. Barrelier era considerado por Agostina como una figura cercana debido al vínculo que mantenía con su madre. Esa cercanía habría sido utilizada para convencer a la adolescente de ir a su encuentro con el pretexto de preparar una sorpresa.

La noche del hecho, Agostina salió de su casa diciendo que iba a la rotisería de su abuelo. Sin embargo, abordó un remise hacia la zona de Mariano Fragueiro y Juan del Campillo. Un audio enviado a sus amigas quedó como prueba del engaño: “Tengo que ir con el novio de mamá para hacerle una sorpresa a mi mamá. Me tengo que escapar”.

Ese mensaje se transformó en una pieza clave para la investigación. También refleja el horror de una menor que fue llevada a una situación de extrema vulnerabilidad por alguien que formaba parte de su círculo de confianza.

La madre de Agostina contó que, cuando el remisero le informó dónde había dejado a la adolescente, fue directamente a la comisaría para ampliar la denuncia. Allí dio el nombre, el apellido y la dirección de Barrelier. Además, cuestionó las demoras que, según su relato, existieron al momento de tomarle la denuncia.

Un caso que exige respuestas urgentes

El femicidio de Agostina Vega vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que incomoda al poder político, judicial y social: ¿cuántas señales deben aparecer antes de que el Estado actúe con la velocidad necesaria?

En un país golpeado por la crisis social, la violencia y el abandono de las redes de protección, este crimen muestra una falla profunda. No alcanza con detener acusados cuando la tragedia ya ocurrió. La respuesta debe llegar antes, cuando una familia denuncia, cuando una adolescente desaparece, cuando una señal de alarma aparece.

La prisión preventiva para Barrelier, Fassetta y Andreani marca un avance importante en la causa, pero no cierra el reclamo. La familia de Agostina pide justicia, exige condenas ejemplares y reclama que se investigue si hubo más personas que pudieron haber colaborado, encubierto o mirado para otro lado.

Agostina tenía 14 años. Iba a cumplir 15. Su nombre hoy se convirtió en bandera de dolor, bronca y exigencia social. Porque cuando una nena pide ayuda y nadie llega a tiempo, no solo falla una persona: falla todo un sistema.

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