Una peligrosa falla en un calefón provocó una emergencia dentro de una vivienda porteña. Siete ambulancias del SAME participaron del operativo, mientras dos de las víctimas debieron ser trasladadas al Hospital Ramos Mejía.
Un escape de gas en Boedo encendió todas las alarmas este martes 21 de julio, cuando siete personas, entre ellas cinco menores de edad, necesitaron asistencia médica urgente luego de quedar expuestas a los gases producidos por un calefón que funcionaba de manera defectuosa.
La emergencia ocurrió cerca del mediodía en una vivienda ubicada en Estados Unidos al 3500, entre Maza y la avenida Boedo, en la Ciudad de Buenos Aires. El desperfecto habría impedido la correcta evacuación de los gases, generando una situación de enorme peligro para toda la familia.
Ante la gravedad del episodio, siete unidades terrestres del Sistema de Atención Médica de Emergencias llegaron rápidamente al lugar. El despliegue permitió atender a las víctimas, suministrarles oxígeno y controlar su evolución antes de decidir los traslados correspondientes.
CINCO MENORES AFECTADOS Y UN OPERATIVO CONTRARRELOJ
Entre las personas intoxicadas se encontraban cinco menores y dos adultos. Cuatro pacientes, incluyendo tres niñas y un hombre, tuvieron que recibir oxigenoterapia debido a los síntomas compatibles con la inhalación de gases tóxicos.
Dos de los afectados fueron derivados al Hospital Ramos Mejía para continuar con los estudios y permanecer bajo observación médica. Afortunadamente, las autoridades no informaron víctimas fatales, aunque el operativo preventivo continuó mientras se ventilaba la propiedad y se verificaban las condiciones del ambiente.
El escape de gas en Boedo volvió a dejar al descubierto un riesgo silencioso que se multiplica durante los meses más fríos. El uso intensivo de calefones, estufas y otros artefactos, sumado al cierre de puertas y ventanas, puede transformar una vivienda familiar en una trampa mortal en cuestión de minutos.
La rápida intervención del SAME resultó fundamental para proteger la vida de los menores y los adultos afectados. En situaciones como esta, la presencia de un sistema público de emergencias con personal capacitado y recursos suficientes marca la diferencia entre una asistencia oportuna y una tragedia irreparable.
EL MONÓXIDO DE CARBONO, UN ENEMIGO QUE NO AVISA
El monóxido de carbono es conocido como el “asesino invisible” porque no tiene olor, color ni sabor. Su presencia puede pasar completamente inadvertida mientras desplaza el oxígeno de la sangre y afecta principalmente al cerebro y al corazón.
Entre los síntomas más frecuentes aparecen dolor de cabeza, mareos, debilidad, sueño, náuseas, vómitos, palpitaciones y dolor en el pecho. Una exposición más prolongada puede provocar pérdida de conocimiento, convulsiones, lesiones neurológicas e incluso un paro cardiorrespiratorio.
Los niños pequeños representan uno de los grupos más vulnerables. En muchos casos, la intoxicación puede manifestarse mediante irritabilidad, llanto constante, falta de apetito o somnolencia, señales que podrían confundirse con una enfermedad habitual.
Calefones, termotanques, estufas, cocinas, braseros y motores pueden generar monóxido cuando la combustión es incompleta o los ambientes carecen de una ventilación adecuada. Una llama amarilla o anaranjada, en lugar de azul, y la aparición de manchas negras alrededor de los artefactos son señales que nunca deben ser ignoradas.
VENTILAR PUEDE SALVAR VIDAS
Frente a una posible intoxicación, se deben abrir inmediatamente puertas y ventanas, retirar a las personas del ambiente contaminado y solicitar asistencia médica. Aunque la víctima parezca recuperarse al respirar aire fresco, resulta indispensable que sea evaluada por profesionales de la salud.
También es fundamental revisar periódicamente los artefactos con gas mediante personal matriculado. Los calefones no deben instalarse dentro de baños, dormitorios ni espacios cerrados sin salida al exterior.
Utilizar el horno para calefaccionar, dormir con braseros encendidos o bloquear rejillas de ventilación puede causar consecuencias fatales. Ninguna solución improvisada frente al frío vale más que la vida de una familia.
Lo ocurrido en Boedo funciona como una advertencia para miles de hogares argentinos. En medio del invierno y de una realidad económica que obliga a muchas familias a postergar reparaciones, el acceso a instalaciones seguras, controles adecuados y servicios públicos de emergencia debe ser entendido como un derecho básico, no como un privilegio.
La prevención, el mantenimiento y la intervención del Estado resultan indispensables para impedir que una falla doméstica termine convirtiéndose en una tragedia. Esta vez, la respuesta llegó a tiempo.