RUTAS DE LA MUERTE: LA MOTOSIERRA DE MILEI DEJA AL PAÍS AL BORDE DE UNA TRAGEDIA NACIONAL

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El deterioro de las rutas nacionales amenaza la vida de millones de argentinos, paraliza la producción y multiplica los costos del transporte. Mientras el Gobierno desfinancia la obra pública, las provincias reciben caminos destruidos y nuevas obligaciones sin los recursos necesarios.

Argentina atraviesa una emergencia vial que ya no puede esconderse detrás del discurso del equilibrio fiscal. Rutas destruidas, pozos profundos, banquinas inexistentes y obras paralizadas forman parte de una realidad que pone en peligro la vida de trabajadores, familias y transportistas.

El ajuste aplicado por el gobierno de Javier Milei no solamente golpea los ingresos y el consumo popular. La motosierra también cayó sobre los caminos que conectan los pueblos, sostienen las economías regionales y permiten que la producción nacional llegue a los puertos.

Cada kilómetro abandonado se transforma en una amenaza. A la vez, cada obra suspendida representa más accidentes, mayores gastos logísticos y menos posibilidades de desarrollo para el interior argentino.

UN CHOQUE QUE EXPUSO EL DRAMA NACIONAL

Durante la madrugada, dos camiones protagonizaron un violento accidente en la Ruta Nacional A012, al sur de Rosario. El choque dejó los vehículos destruidos, personas hospitalizadas y el tránsito interrumpido durante más de ocho horas.

Detrás de la tragedia apareció otro impacto. Filas interminables de camiones quedaron detenidas, toneladas de mercadería no llegaron a destino y numerosos transportistas perdieron turnos en las terminales portuarias.

La A012 no es un camino secundario. Se trata de una arteria que conecta rutas estratégicas y forma parte del corredor por el que circula cerca del 80% de las exportaciones argentinas de granos, aceites y harinas. Sin embargo, los conductores deben avanzar lentamente para intentar esquivar los pozos y evitar nuevos siniestros.

Este escenario demuestra que abandonar la infraestructura también destruye la economía. Cuando un camión se detiene, no pierde solamente el transportista. También sufren los productores, los trabajadores portuarios, las industrias y los consumidores.

LA NACIÓN SE QUEDA CON LA JURISDICCIÓN Y LAS PROVINCIAS PAGAN LA CUENTA

Después de dos años de negociaciones, el Gobierno nacional acordó transferir a Santa Fe la administración, el mantenimiento y las futuras obras de la A012 durante veinte años.

La Nación conservará el dominio y la jurisdicción federal. Sin embargo, la provincia tendrá que enfrentar los arreglos, los riesgos, los reclamos y gran parte de la factura.

Desde el territorio santafesino reconocen que no podían seguir esperando una respuesta de la Casa Rosada. Las rutas están destruidas y representan un riesgo directo para la población.

El problema se extiende a otras provincias. El Gobierno prepara transferencias de más de mil kilómetros de corredores nacionales, mientras varios gobernadores denuncian una “desfederalización encubierta”. Las administraciones provinciales temen recibir caminos en terapia intensiva sin los fondos necesarios para recuperarlos.

Esta política rompe con una concepción federal y solidaria del Estado. Los caminos nacionales unen regiones, igualan oportunidades y permiten que cada provincia pueda integrarse al desarrollo del país.

Trasladar las rutas destruidas sin recursos no es federalismo. Es descargar las consecuencias del ajuste sobre gobernadores, intendentes y comunidades que ya sufren la caída de ingresos.

PRIMERO SE DESFINANCIA, DESPUÉS SE PRIVATIZA

El Gobierno también avanza con concesiones privadas. En las últimas horas se recibieron ofertas para entregar durante treinta años unos 3.900 kilómetros de rutas distribuidas en once provincias.

El plan completo alcanzaría 9.000 kilómetros por los que circula el 80% del tránsito vehicular y de cargas. Los contratos contemplan mantenimiento, corte de pasto, bacheo y nuevos peajes, pero incluyen pocas obras de ampliación.

En otras palabras, los argentinos podrían terminar pagando más para circular por rutas que seguirán sin recibir las inversiones estructurales necesarias.

Diversos relevamientos señalan que dos tercios de la red vial federal presentan pavimentos en mal estado, falta de señalización y banquinas deficientes. Además, durante 2024 y 2025 la gestión libertaria habría ejecutado menos de la mitad de los recursos asignados a Vialidad Nacional.

Gobernadores y especialistas describen una secuencia alarmante: primero se reducen los fondos, luego se deja deteriorar la infraestructura y, finalmente, se transfiere o se concesiona.

La patria productiva queda atrapada entre el abandono estatal y el negocio privado. Mientras tanto, los ciudadanos pagan la cuenta con impuestos, peajes, cubiertas rotas y viajes cada vez más peligrosos.

LA MOTOSIERRA TERMINA COSTANDO MÁS CARO

El discurso oficial presenta el recorte de la obra pública como un supuesto ahorro. No obstante, los números muestran una realidad diferente.

El mantenimiento rutinario de una ruta puede costar entre 15.000 y 40.000 dólares por kilómetro. Una reconstrucción completa puede demandar entre 1,3 y 3,5 millones de dólares por kilómetro.

Actuar a tiempo puede resultar hasta diez veces más barato que esperar el colapso del pavimento. Por eso, abandonar las rutas no reduce el gasto. Solamente posterga el problema y multiplica el costo que deberá pagar el pueblo argentino.

La motosierra no elimina las necesidades. Por el contrario, destruye infraestructura que fue construida durante décadas con el esfuerzo de trabajadores, empresas nacionales y contribuyentes.

MÁS DE ONCE MUERTES POR DÍA

La consecuencia más dolorosa no aparece en las planillas del Ministerio de Economía. Durante 2025 murieron 4.060 personas en 3.255 siniestros viales.

Más de la mitad de los hechos fatales se produjeron en rutas nacionales y provinciales. La cifra equivale a más de once personas fallecidas por día en los caminos argentinos.

No todos los accidentes pueden atribuirse exclusivamente al estado del asfalto. También influyen la velocidad, el cansancio, las distracciones y las maniobras peligrosas.

Sin embargo, una ruta sin señalización, con pozos o sin banquinas aumenta los riesgos. El abandono convierte cualquier error humano en una posible sentencia de muerte.

Además del dolor de las familias, cada siniestro genera gastos sanitarios, intervenciones policiales, pérdida de cargas, congestionamientos y horas de trabajo desperdiciadas.

EL MAPA DEL ABANDONO SE EXTIENDE POR TODO EL PAÍS

En la provincia de Buenos Aires, usuarios y transportistas llaman “ruleta rusa” a la Ruta 33. Las rutas 3, 5 y 7 también presentan obras paralizadas en tramos de intenso movimiento productivo.

Córdoba acumula reclamos por las rutas 9 y 60. La Ruta 34, que conecta Santa Fe con Santiago del Estero, conserva desde hace años el dramático nombre de “la ruta de la muerte”.

Corrientes registra fallas estructurales en la Ruta 121. Misiones tuvo que intervenir sectores de la Ruta 14, mientras que en la Patagonia existen corredores vinculados con Vaca Muerta donde los camiones deben circular por las banquinas.

Chubut mantiene obras frenadas en las rutas 3 y 40. Santa Cruz todavía espera la finalización de la autovía entre Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia.

La crisis también castiga al norte argentino. En Jujuy, la Ruta 34 presenta fisuras y deformaciones. Por otra parte, la Justicia Federal ordenó reparaciones urgentes en diferentes corredores de Formosa.

No existe una región a salvo. El deterioro atraviesa provincias gobernadas por distintos espacios políticos y confirma que el problema tiene alcance nacional.

MILEI NEGOCIA VOTOS MIENTRAS LAS RUTAS SE DERRUMBAN

La crisis vial también ingresó en la negociación política entre la Casa Rosada y los gobernadores. El oficialismo necesita apoyos para avanzar con su reforma electoral y con la eliminación de las PASO.

Frente a esa necesidad, las rutas, las transferencias y las obras pendientes comenzaron a formar parte de las conversaciones. Cada voto legislativo puede quedar atado a un convenio, un adelanto de fondos o una promesa de infraestructura.

Las provincias perdieron alrededor de 2,2 billones de pesos durante el primer semestre de 2026 por la caída de transferencias automáticas y no automáticas. Al mismo tiempo, nuevos recortes presupuestarios afectaron programas vinculados directa o indirectamente con los distritos.

El Gobierno pide gobernabilidad, pero retira los recursos necesarios para sostenerla. Luego utiliza las necesidades provinciales como moneda de negociación dentro del Congreso.

EL 72% DE LA POBLACIÓN RECHAZA EL FRENO A LA OBRA PÚBLICA

La sociedad argentina comprende que el Estado debe intervenir cuando están en juego la vida, la producción y la integración territorial.

Un estudio citado en el material de referencia indicó que el 70% de la población considera necesario un rol activo del Estado. Además, el 72% rechazó la suspensión de la obra pública.

El mensaje es contundente. Los argentinos pueden reclamar controles, transparencia y eficiencia, pero no están dispuestos a aceptar que el equilibrio fiscal se construya sobre rutas destruidas y vidas perdidas.

Una nación no se desarrolla cerrando obradores. Tampoco se vuelve grande abandonando caminos, despidiendo trabajadores especializados y entregando corredores estratégicos al negocio privado.

La emergencia vial exige una respuesta inmediata. Reactivar las obras, recuperar Vialidad Nacional y garantizar rutas seguras no representa un gasto innecesario. Es una inversión indispensable para defender el trabajo, la producción y la vida del pueblo argentino.

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