Después del revés legislativo por la Ley de Tierras, el oficialismo evalúa “federalizar” el directorio del BCRA para conseguir respaldo provincial y aprobar una de las reformas que Javier Milei considera prioritarias.
La motosierra también necesita votos. Después del traspié sufrido en el Senado, el Gobierno de Javier Milei comenzó a revisar su estrategia parlamentaria y ahora evalúa aceptar el reclamo de varios gobernadores para incorporar representación regional al directorio del Banco Central.
El objetivo inmediato está puesto en la sesión de Diputados del próximo 26 de agosto. Allí el oficialismo quiere avanzar, entre otros proyectos, con la reforma de la Carta Orgánica del BCRA y con Inocencia Fiscal II.
La propuesta provincial consiste en designar directores por regiones para darle una composición más federal al organismo monetario. Desde el propio oficialismo reconocen que la posibilidad está siendo estudiada como parte de las conversaciones destinadas a garantizar los votos necesarios.
DEL “NO NEGOCIAMOS” A LA POLÍTICA DE LOS VOTOS
El episodio vuelve a dejar una paradoja. Un Gobierno que llegó prometiendo romper con las prácticas tradicionales del sistema político descubre nuevamente que el Congreso funciona con acuerdos, gobernadores, concesiones y negociación.
Nada de eso es ilegal ni excepcional en una democracia. El problema político aparece cuando el discurso de pureza choca con la necesidad concreta de sentarse a negociar.
El escenario se volvió más delicado después del conflicto legislativo por el proyecto de Propiedad Privada, que obligó al oficialismo a retirar modificaciones vinculadas con la Ley de Tierras y Manejo del Fuego para evitar que naufragara todo el texto.
Ahora Milei necesita reconstruir mayorías.
Después del 26 de agosto esperan discusiones todavía más pesadas: reforma del mercado de capitales, Presupuesto 2027, reforma electoral y la ofensiva para terminar con las PASO. El Presupuesto deberá presentarse formalmente antes del 15 de septiembre.
Mientras las provincias reclaman fondos, obras y mayor participación, la Casa Rosada necesita votos para sostener su programa.
La política que tantas veces fue presentada como un obstáculo vuelve así por la puerta principal. Sin acuerdos federales, ni siquiera la motosierra alcanza para construir una mayoría parlamentaria.