La desregulación encontró un límite inesperado: la propia interna del Gobierno. Tras los problemas que enfrentó el oficialismo en el Senado, Karina Milei reunió a la mesa política y Federico Sturzenegger fue convocado por primera vez al encuentro. La decisión central fue contundente: sus futuras iniciativas deberán atravesar un filtro político antes de ser enviadas al Congreso.
El cambio llegó después de que el oficialismo tuviera que retirar dos capítulos sensibles del proyecto de Propiedad Privada para evitar una derrota mayor: las modificaciones a la Ley de Tierras y al régimen de Manejo del Fuego.
Dentro del propio Gobierno admitieron que no quieren repetir proyectos legislativos cargados de numerosos asuntos diferentes y decidieron reordenar las prioridades parlamentarias.
LA MOTOSIERRA TAMBIÉN NECESITA CONTROL POLÍTICO
La situación deja expuesta una contradicción incómoda para el oficialismo. Durante meses, la desregulación fue presentada prácticamente como una carrera contra el tiempo. Ahora la propia Casa Rosada reconoce, con sus decisiones, que la velocidad sin construcción política puede transformar una reforma en un problema parlamentario.
Según la información conocida este sábado, el cuestionamiento interno no fue solamente sobre el contenido de los proyectos. También hubo malestar por el método utilizado para impulsarlos y por la falta de coordinación previa con quienes después debían defenderlos en el Congreso.
Javier Milei sostuvo públicamente su respaldo a Sturzenegger, por lo que el funcionario continúa dentro del corazón económico del Gobierno. Sin embargo, la libertad de movimientos parece haber cambiado: Karina Milei pasó a ocupar un rol todavía más determinante en el control de la agenda legislativa.
Las prioridades oficiales quedaron concentradas ahora en la reforma del Banco Central, Inocencia Fiscal II y posteriormente la eliminación de las PASO, mientras otros proyectos permanecen sin fecha.
En criollo: el Gobierno descubrió que desregular por decreto o redactar reformas no equivale a conseguir los votos para convertirlas en ley.
La motosierra puede cortar normas. Pero en el Congreso, primero hay que contar manos.