El Gobierno necesita reconstruir acuerdos después de comprobar que el respaldo parlamentario dejó de ser automático
La maquinaria legislativa de Javier Milei empieza a mostrar una dificultad que puede convertirse en uno de los grandes problemas políticos del Gobierno: los votos de los aliados ya no están garantizados. La Casa Rosada comenzó a desplegar una estrategia para contener a gobernadores y bloques dialoguistas mientras prepara una nueva ofensiva legislativa para finales de agosto.
La prioridad está puesta ahora en Diputados, donde el oficialismo trabaja para concretar una megasesión el 26 de agosto. Sin embargo, el panorama más complejo aparece en el Senado, una Cámara donde La Libertad Avanza perdió previsibilidad sobre legisladores que hasta hace poco acompañaban distintas iniciativas presidenciales.
CUANDO LOS ALIADOS EMPIEZAN A DECIR QUE NO
El episodio de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada dejó una señal contundente. Para conseguir la media sanción, el Gobierno debió abandonar dos capítulos especialmente controvertidos: la modificación de los límites para la compra de tierras rurales por extranjeros y cambios relacionados con el uso de suelos afectados por incendios. El proyecto terminó aprobado por 37 votos contra 33, pero sin esos puntos centrales.
No fue simplemente una discusión técnica. El episodio demostró que tener aliados circunstanciales no equivale a disponer de una mayoría propia.
Ahora aparecen compromisos pendientes con gobernadores, negociaciones políticas y una oposición peronista que busca coordinar sus posiciones legislativas. La combinación obliga al Gobierno a negociar cada movimiento con mucha mayor precisión.
Para una administración que hizo de la confrontación con la denominada “casta” una parte fundamental de su identidad política, depender cada vez más de acuerdos con gobernadores y fuerzas tradicionales representa una contradicción que sus adversarios ya explotan.
El problema de fondo es sencillo: sin votos, el programa presidencial encuentra un límite concreto.
Milei conserva el Poder Ejecutivo. Sin embargo, cada proyecto importante recuerda una característica estructural de su Gobierno: La Libertad Avanza no gobierna sola el Congreso. Y cuando los aliados empiezan a cobrar políticamente cada acompañamiento, la motosierra también puede encontrarse con una pared parlamentaria.