Por Redacción Info del Plata
La promesa del Gobierno de Javier Milei sobre un relanzamiento histórico del crédito para la vivienda familiar terminó de desvanecerse en el plano de la realidad económica. Según los últimos registros del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y los informes de los Colegios de Escribanos, el otorgamiento de créditos hipotecarios se desplomó un 42% en el semestre, sepultando la ilusión de miles de familias de clase media y trabajadoras de acceder al techo propio.
El esquema promocionado con bombos y platillos por el Palacio de Hacienda se estrelló contra una triple barrera insalvable: la suba encubierta de las tasas adicionales que cobran las entidades bancarias, la desconfianza generalizada en el mecanismo de indexación UVA atado a una inflación que no cede al ritmo de los sueldos, y la exigencia de ingresos mínimos que superan el millón y medio a dos millones de pesos mensuales para un monoambiente en zonas urbanas.
La trampa de las tasas bancarias y la indexación UVA
Cuando se anunció la vuelta de los créditos a 20 y 30 años, varias entidades públicas y privadas ofrecían tasas iniciales de UVAs más un 3,5% o 5%. Sin embargo, con el correr de los meses y ante la volatilidad cambiaria y monetaria, los bancos endurecieron las condiciones: hoy la tasa sobre el coeficiente UVA promedia entre el 8,5% y el 12% anual.
Esta sobretasa, sumada a la evolución de la inflación mensual, genera un crecimiento exponencial de la cuota desde los primeros meses de contratación. Las familias que hicieron simulaciones crediticias comprobaron con estupor que la relación cuota-ingreso absorbe más del 40% del salario familiar, con el agravante de que el capital adeudado en pesos aumenta mes a mes debido a la fórmula de actualización.
Ingresos de élite para casas estándar
El otro factor determinante del derrumbe es la disparidad abismal entre los salarios reales y los valores de las propiedades dolarizadas. Con paritarias pisadas por el Ministerio de Economía para mostrar una desaceleración artificial de precios, el sueldo medio formal de un empleado de comercio, docente o chofer no califica para el monto mínimo prestable.
Para acceder a un crédito que cubra apenas el 70% u 80% de un departamento de dos ambientes en los centros urbanos del país, una pareja necesita demostrar ingresos netos conjuntos superiores a los 3,5 millones de pesos formales. Quienes quedan afuera de ese umbral no tienen otra alternativa que seguir volcados al mercado de alquileres desregulado, donde los contratos exigen indexaciones trimestrales y comisiones exorbitantes.
País de inquilinos y especulación inmobiliaria
Lejos de democratizar el suelo y la vivienda, el modelo libertario profundiza la concentración de inmuebles en manos de fondos de inversión y rentistas especulativos. La parálisis absoluta del plan Procrear y de toda la inversión en vivienda social estatal dejó al descubierto que el “mercado libre” solo atiende a una franja marginal de altos patrimonios, dejando al resto de la comunidad bajo la intemperie del alquiler permanente.