El oficialismo intenta aprobar una reforma sobre la propiedad privada que acumula quince borradores, cambios de último momento y profundas sospechas. La iniciativa modifica los desalojos, las expropiaciones, el manejo de tierras incendiadas y las condiciones para la compra de campos por parte de capitales extranjeros.
El Senado de la Nación volverá a convertirse este jueves en el escenario de una disputa que puede afectar directamente el patrimonio, la tierra y los recursos estratégicos de la Argentina. El Gobierno nacional buscará aprobar la denominada ley de inviolabilidad de la propiedad privada, una iniciativa rodeada de modificaciones, negociaciones reservadas y enormes dudas sobre su contenido definitivo.
La propuesta llega al recinto después de una secuencia legislativa difícil de explicar. Desde la firma del dictamen se elaboraron quince borradores diferentes, una cifra que refleja el desorden político del oficialismo y la falta de certezas sobre una norma que pretende modificar aspectos centrales de la vida económica y social del país.
Mientras millones de argentinos enfrentan salarios deteriorados, alquileres impagables y una emergencia habitacional cada vez más profunda, el Gobierno concentra sus esfuerzos en acelerar desalojos, flexibilizar normas sobre la tierra y abrir nuevas posibilidades para grandes intereses económicos.
UNA LEY MODIFICADA HASTA ÚLTIMO MOMENTO
El oficialismo necesita reunir al menos 37 senadores para habilitar la sesión. Sin embargo, la cantidad de cambios incorporados provocó malestar incluso entre legisladores que habitualmente acompañan al Gobierno.
Libertarios y aliados tenían previsto reunirse durante la mañana, apenas dos horas antes de la apertura del recinto, para intentar cerrar un acuerdo definitivo. Esa negociación de último momento demuestra que ni siquiera los propios impulsores parecen conocer con precisión qué texto terminarán votando.
La administración de Javier Milei intenta presentar la iniciativa como una defensa de la propiedad privada. Detrás de esa consigna aparecen modificaciones que podrían beneficiar a los sectores más poderosos, mientras los trabajadores, las familias endeudadas y los habitantes de barrios populares quedan nuevamente expuestos.
El Senado ya había postergado el tratamiento del proyecto. Ahora, la Casa Rosada presiona para obtener una victoria legislativa después de varios meses de dificultades para aprobar las reformas reclamadas por el Poder Ejecutivo.
DESALOJOS MÁS RÁPIDOS Y BARRIOS POPULARES SIN PROTECCIÓN
Uno de los puntos más sensibles es la modificación de los plazos de desalojo. La propuesta permitiría pasar de un período de cinco días a uno de veinte dentro del procedimiento previsto, aunque el alcance concreto de los cambios todavía genera discusiones entre especialistas y legisladores.
La verdadera alarma social surge por la eliminación del capítulo relacionado con los barrios populares. Ese apartado fue retirado antes de la firma del despacho, dejando afuera una problemática que afecta a miles de familias sin acceso a una vivienda digna.
En una Argentina atravesada por la pobreza, la precarización laboral y la caída del poder adquisitivo, excluir a los barrios populares no es una decisión técnica. Se trata de una definición política que vuelve a colocar al capital por encima de las necesidades humanas.
El peronismo siempre sostuvo que la propiedad privada debe cumplir una función social. Ningún derecho puede utilizarse como herramienta para condenar a una familia a vivir en la calle, mucho menos cuando el propio modelo económico destruye empleos, ingresos y posibilidades de progreso.
LA TIERRA ARGENTINA EN EL CENTRO DE LA POLÉMICA
Otro capítulo controvertido se relaciona con la adquisición de tierras rurales. El último borrador conocido prohíbe la compra directa por parte de Estados extranjeros y limita las operaciones de empresas con participación estatal extranjera.
Sin embargo, el texto permitiría excepciones cuando exista autorización de la provincia correspondiente y del Poder Ejecutivo Nacional. Esa posibilidad también alcanzaría a determinadas zonas de frontera, territorios estratégicos que deberían contar con una protección especial.
La redacción despierta interrogantes inevitables. ¿Quién controlará esas autorizaciones? ¿Qué intereses económicos podrían beneficiarse? ¿Qué garantías existen para impedir que enormes extensiones del territorio nacional terminen bajo control extranjero?
La tierra no es una mercancía cualquiera. Representa soberanía, producción, alimentos, agua y futuro. Entregar decisiones estratégicas mediante excepciones administrativas podría abrir una puerta difícil de cerrar.
EL NEGOCIO DETRÁS DE LOS INCENDIOS
La iniciativa también modifica aspectos vinculados con la Ley de Manejo del Fuego. Las normas vigentes establecen restricciones prolongadas para cambiar el uso productivo o inmobiliario de terrenos afectados por incendios.
El proyecto busca eliminar o reducir esas limitaciones. La medida podría facilitar operaciones económicas sobre campos y bosques quemados, generando un peligroso incentivo para quienes pretenden convertir una tragedia ambiental en un negocio inmobiliario.
Cada incendio destruye ecosistemas, fuentes de trabajo y recursos naturales. Permitir que un terreno arrasado pueda ser rápidamente explotado con otra finalidad no representa libertad económica. Significa convertir el fuego en una herramienta de especulación.
Una política nacional responsable debería reforzar los controles, perseguir a los responsables y proteger las zonas afectadas. El Gobierno, en cambio, vuelve a colocar la rentabilidad privada por encima del interés colectivo.
BULLRICH BUSCA LOS VOTOS EN MEDIO DE UNA INTERNA
Patricia Bullrich enfrenta el desafío de garantizar el quorum y sostener los votos durante la discusión particular. La conducción libertaria mantiene conversaciones con bloques provinciales y legisladores que en otras ocasiones acompañaron parcialmente al oficialismo.
Las miradas están puestas especialmente sobre los senadores misioneros Carlos Arce y Sonia Rojas Decut. Ambos quedaron atravesados por una fuerte disputa política dentro de su provincia y su posición podría resultar determinante para el inicio de la sesión.
También existen negociaciones con integrantes de Convicción Federal, entre ellos Carolina Moisés, Guillermo Andrada y Sandra Mendoza. El oficialismo intenta sumar voluntades para habilitar el debate, aunque no existe plena seguridad sobre el acompañamiento posterior a cada artículo.
El Congreso vuelve a funcionar bajo una lógica preocupante. Los textos cambian durante la madrugada, los acuerdos se cierran pocas horas antes de votar y la sociedad conoce los detalles cuando las decisiones ya están prácticamente tomadas.
UNA SESIÓN CARGADA DE PRESIONES
La agenda incluye además el tratamiento del pliego del camarista Víctor Pesino. El Gobierno necesita que su continuidad sea aprobada antes de fin de mes para evitar su jubilación, debido a su vinculación con cuestiones relacionadas con la reforma laboral.
También se discutirán ascensos diplomáticos que permanecieron demorados durante meses. De esta manera, el oficialismo mezcla asuntos judiciales, diplomáticos y económicos dentro de una sesión marcada por la urgencia política.
La Casa Rosada necesita mostrar capacidad de control en el Senado. No obstante, la acumulación de borradores y la ausencia de consensos revelan una administración que intenta imponer transformaciones profundas sin explicar sus consecuencias sociales.
LA PROPIEDAD PRIVADA NO PUEDE ESTAR POR ENCIMA DE LA PATRIA
Defender la propiedad privada no significa entregar la tierra, acelerar desalojos ni debilitar la protección ambiental. Tampoco implica borrar de una ley a los barrios populares o permitir excepciones que puedan beneficiar a capitales extranjeros.
La Constitución reconoce derechos individuales, pero también establece obligaciones sociales y la defensa de los intereses nacionales. Una propiedad sin función social puede transformarse en privilegio, concentración y exclusión.
El peronismo doctrinario sostiene que la economía debe estar al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio del capital. La tierra, la vivienda y los recursos naturales no pueden quedar sometidos exclusivamente a la lógica del mercado.
Este jueves, el Senado no discutirá solamente una reforma jurídica. Estará definiendo qué Argentina pretende construir: una nación soberana con justicia social o un territorio disponible para los grandes negocios.
Mientras el Gobierno celebra indicadores financieros, millones de familias siguen preguntándose cómo pagar el alquiler, comprar alimentos o conservar su empleo. En ese contexto, avanzar con una ley llena de modificaciones y zonas oscuras representa una nueva señal de insensibilidad política.
La sociedad merece conocer cada artículo antes de que sea aprobado. Cuando una iniciativa necesita quince borradores para llegar al recinto, la transparencia deja de ser una opción y se convierte en una obligación democrática.