La ex ministra de Seguridad quedó en la mira tras el papelón de la última sesión. Esta tarde, en una reunión de urgencia, intentará rogarle a sus aliados que le aprueben una agenda paralizada por la incompetencia del oficialismo. Mientras el país se cae a pedazos y las rutas son trampas mortales, el Gobierno sigue mirando para otro lado.
La crisis llegó al Senado. Tras el papelón histórico de la semana pasada, donde quedó al desnudo que el Gobierno no tiene ni pies ni cabeza para manejar el recinto, Patricia Bullrich busca oxígeno. La jefa libertaria en la Cámara alta convocó a una reunión de emergencia para esta tarde con sus “aliados” (o lo que queda de ellos), con un único objetivo: recomponer una relación rota por la soberbia y la falta de gestión.
La realidad es cruda: la agenda legislativa está paralizada hace tres meses. El oficialismo, que llegó al poder con ínfulas de refundar la Patria, no ha podido mover un solo dedo para aprobar sus proyectos. Ni el blindaje a la propiedad privada, ni la reforma política, ni la ley de salud mental. El Senado es un cementerio de iniciativas mientras la gente sufre el ajuste salvaje en la calle.
El país se cae a pedazos, pero ellos juegan a la política
Mientras Bullrich intenta desesperadamente salvar su comando político, la desidia oficialista queda expuesta en cada rincón del país. En el Senado, la actividad es reducida, casi simbólica.
Uno de los pocos temas que avanzan en comisiones es la educación vial, un tema sensible frente a la tragedia cotidiana. Los datos son aterradores: más de 4.000 víctimas fatales registradas el año pasado. Pero el cinismo llega al límite: las rutas nacionales están en un estado de abandono total. Los legisladores que recorren el país por tierra denuncian que viajar se ha vuelto una ruleta rusa, mientras el Ejecutivo brilla por su ausencia y su desprecio por la inversión pública.
La interna oficialista: peleas y “picardías” infantiles
Como si no fuera suficiente el desastre económico y social, la casa del Gobierno está en llamas. Entre las comisiones, la pelea política se camufla de “gestos de consenso”.
El caso del proyecto sobre el bullying, impulsado por Eduardo De Pedro y Victoria Huala, dejó al descubierto el nivel de desorden y falta de palabra dentro del Congreso. Un proyecto que intentó ser utilizado para colar críticas al discurso de odio que emana desde el propio Gobierno, en una muestra más de cómo se utiliza el recinto para dirimir internas, en lugar de solucionar los problemas reales de los argentinos.
La pregunta que queda flotando en los pasillos del Congreso, ante la reunión de esta tarde, es clara: ¿Logrará Bullrich poner orden en su propio bloque o terminará de hundir al Gobierno en una parálisis definitiva? Mientras el tiempo corre, la paciencia social se agota.