EL FRÍO DESNUDA OTRO LÍMITE DEL MODELO: RESTRINGEN EL GNC Y LA INDUSTRIA VUELVE A PAGAR EL COSTO

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Por cuarta vez en el invierno, las bajas temperaturas empujaron al sistema gasífero al límite. Estaciones de GNC e industrias sufren restricciones mientras crece una pregunta incómoda: ¿cómo puede un país productor de gas volver a quedar condicionado cada vez que llega una ola de frío?

La Argentina atraviesa una nueva postal que golpea de lleno sobre trabajadores, estaciones de servicio y sectores productivos. Por cuarta vez en lo que va de la temporada invernal, las distribuidoras resolvieron restringir el suministro interrumpible de gas a estaciones de GNC e industrias ante el fuerte aumento del consumo residencial provocado por las bajas temperaturas.

La medida comenzó a sentirse durante el fin de semana y continuará hasta nuevo aviso. El objetivo inmediato es preservar el abastecimiento de hogares, hospitales y escuelas, pero detrás de esa prioridad aparece nuevamente una debilidad estructural que resulta imposible disimular: cuando el frío aprieta, el sistema vuelve a quedar bajo enorme presión.

Mientras el Gobierno nacional insiste en mostrar indicadores económicos como señales de normalización, en la calle la realidad vuelve a meter la cola. Estaciones con menos capacidad de expendio, industrias obligadas a reducir consumo y trabajadores pendientes de cómo impactará la restricción forman parte de un escenario que dista bastante de cualquier sensación de abundancia energética.

CUARTA RESTRICCIÓN DEL AÑO: EL INVIERNO VUELVE A EXPONER EL CUELLO DE BOTELLA

Las restricciones alcanzaron particularmente a establecimientos con contratos interrumpibles. En La Plata hubo impacto directo sobre estaciones de GNC y actividades industriales, mientras que en Mar del Plata la interrupción comenzó desde la medianoche para esa modalidad contractual.

El frío aceleró el problema. Buenos Aires registró temperaturas mínimas cercanas a los 4 grados y máximas que apenas superaron los 13, mientras que Mar del Plata también sufrió registros próximos a los 4 grados acompañados por fuertes ráfagas de viento.

Para los primeros días de la semana se espera que las bajas temperaturas continúen, por lo que todavía no existe una fecha concreta para levantar completamente las restricciones.

Lo preocupante es que no se trata de un episodio aislado. Esta es la cuarta vez durante la temporada que el sistema necesita reducir el suministro destinado a determinados consumidores para asegurar gas a los hogares y servicios esenciales.

Cada nuevo episodio vuelve a poner sobre la mesa una contradicción difícil de explicarles a millones de argentinos: un país que posee enormes recursos gasíferos continúa enfrentando restricciones cuando aumenta con fuerza la demanda.

LA INDUSTRIA TAMBIÉN RECIBE EL GOLPE

El problema no termina en las estaciones de servicio. Algunas actividades industriales también comenzaron a sentir el ajuste del suministro.

Las ladrilleras, cuya producción necesita gas natural de manera intensiva, recibieron reducciones cercanas al 30% de su consumo habitual. Una limitación semejante puede traducirse rápidamente en menor ritmo productivo, dificultades operativas y mayores costos.

En una economía donde producir ya significa enfrentar tarifas, caída del consumo, presión financiera y múltiples dificultades, sumar incertidumbre energética resulta particularmente delicado.

Ahí aparece otra de las grandes discusiones del modelo económico argentino: no alcanza con mostrar recursos naturales extraordinarios si después la infraestructura disponible no permite trasladarlos hacia donde se necesitan cuando llega el momento de máxima demanda.

ARGENTINA TIENE GAS, PERO EL SISTEMA NO ALCANZA

El núcleo del problema está principalmente en la capacidad de transporte. La red nacional puede trasladar alrededor de 120 millones de metros cúbicos diarios, volumen suficiente durante buena parte del año, pero que queda bajo fuerte tensión durante los picos de consumo invernal.

El consumo residencial representa normalmente cerca del 14% de la demanda total. Sin embargo, durante jornadas extremadamente frías puede trepar hasta niveles del 60% o incluso 70%.

Cuando eso sucede, hogares, hospitales y escuelas ocupan los primeros lugares dentro del esquema de prioridades. Estaciones de servicio e industrias quedan relegadas y deben reducir el consumo cuando la capacidad disponible no alcanza para cubrir simultáneamente toda la demanda.

Esa explicación técnica puede describir lo que ocurre, pero no resuelve la discusión política de fondo. La infraestructura energética es estratégica y necesita planificación, inversión y continuidad. No se construye de un día para otro ni puede depender solamente de discursos, anuncios financieros o promesas futuras.

EL COSTO TERMINA CAYENDO SOBRE LOS MISMOS

Para una persona que utiliza GNC porque necesita abaratar el costo de viajar o trabajar, cualquier restricción representa una preocupación concreta. Lo mismo sucede con transportistas, remiseros, trabajadores de aplicaciones, comerciantes y pequeñas empresas que dependen directa o indirectamente del combustible.

También hay una consecuencia productiva. Cuando una industria tiene que limitar su utilización de gas, aparecen riesgos sobre producción, costos y empleo.

Por eso reducir todo a una cuestión climática sería demasiado cómodo. El frío explica el incremento de la demanda, pero la repetición de restricciones obliga a discutir cuál es la capacidad real que tiene actualmente la Argentina para responder cuando esa demanda llega al máximo.

El país necesita un sistema energético preparado no solamente para funcionar cuando las condiciones son favorables, sino también cuando ocurre exactamente aquello que sucede todos los inviernos: hace frío y millones de hogares encienden la calefacción.

SOBERANÍA ENERGÉTICA O FRAGILIDAD PERMANENTE

Desde una mirada nacional y productiva, la energía no puede convertirse únicamente en una variable financiera. Gas, petróleo, electricidad y transporte energético forman parte de la estructura básica necesaria para que una Nación pueda desarrollarse, producir y proteger su mercado interno.

La soberanía energética significa que los recursos argentinos deben transformarse en capacidad concreta para abastecer hogares, sostener fábricas y mover la producción.

Por cuarta vez en este invierno, la realidad vuelve a encender una alarma. Las restricciones de GNC podrán levantarse cuando suba la temperatura, pero el problema estructural seguirá ahí.

Porque cuando un país con semejante potencial energético tiene que volver a elegir entre garantizar el consumo residencial y restringir parte de su aparato productivo, la discusión deja de ser simplemente meteorológica.

Se convierte en una discusión sobre planificación, inversión y modelo de país.

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