Ante la miseria planificada y el desplome del poder adquisitivo, la central obrera convocó de urgencia a los gremios pesados de la industria, el transporte y la energía. Se cocina un nuevo y contundente plan de lucha para frenar la ofensiva libertaria que asfixia a los argentinos.
El reloj corre y la paciencia del pueblo trabajador se agotó. Frente a un escenario de verdadera emergencia social, donde los salarios no alcanzan para comer y la recesión golpea sin piedad a las familias, la Confederación General del Trabajo (CGT) decidió pisar el acelerador. En lo que promete ser el inicio de una resistencia definitiva contra el brutal ajuste del gobierno de Javier Milei, la conducción cegetista inició el precalentamiento para un nuevo plan de lucha que podría paralizar el país en las próximas semanas.
El objetivo es claro: canalizar la bronca y el descontento de una sociedad que ya no soporta el ahogo económico.
La Cumbre de la Resistencia
El primer paso de esta contraofensiva tendrá lugar el próximo miércoles en la mítica sede de Azopardo 802. Allí, la cúpula de la CGT se verá las caras con los máximos referentes de los sectores clave para la economía nacional:
- CSIRA: Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina.
- CATT: Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte.
- CATHEDA: Confederación Argentina de Trabajadores y Empleados de los Hidrocarburos, Energía, Combustibles, Derivados y Afines.
Este encuentro de alto voltaje será la antesala de una cumbre aún mayor. Para la semana siguiente está prevista la reunión del Consejo Directivo cegetista, donde no se descarta convocar al Comité Central Confederal para oficializar la medida de fuerza. El debate interno arde: mientras algunos sectores buscan una salida estratégica, el ala dura presiona con fuerza para redoblar la apuesta y convocar a un paro nacional de 36 horas con movilización. Hay que ganar la calle antes de que sea tarde.
“Vienen por todo”: El ataque a los derechos laborales
La estrategia moderada parece haber llegado a su fin. Luego de denunciar al Gobierno ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra, la dirigencia sindical tiene una certeza: la Casa Rosada busca destruir la organización de los trabajadores.
“Nos van a llevar puestos si no reaccionamos”, confesó con crudeza un alto jefe de la CGT.
La alarma roja se encendió con la reciente reglamentación de la mal llamada Ley de Modernización Laboral. Para el movimiento obrero, esta normativa es una intromisión inaceptable y una violación flagrante de los derechos garantizados por la Constitución Nacional y los convenios internacionales. Es, en palabras llanas, un intento de quebrar a los sindicatos para precarizar a los trabajadores sin oposición.
Salarios de hambre: La docencia al límite
El drama social se refleja con crudeza en el sistema educativo. Mientras el Gobierno festeja recortes, los maestros argentinos cobran salarios de indigencia. El titular de la Secretaría de Políticas Educativas de la CGT, Sergio Romero (UDA), ya teje alianzas para lanzar un fuerte paro docente a nivel nacional una vez finalizado el Mundial de Fútbol (después del 19 de julio).
Los números son una vergüenza nacional:
- El salario mínimo docente sigue congelado en $500.000, muy por debajo de la línea de pobreza.
- Hace un año que no hay recomposición real.
- El Gobierno ofreció migajas: elevarlo a $650.000 en marzo y $700.000 en abril, propuestas que fueron rechazadas de plano por insuficientes y burlescas.
Para que el reclamo retumbe en todo el país, la CGT busca sumar a la CTERA (CTA) y a los gremios universitarios, que también vienen sufriendo el desfinanciamiento sistemático.
¿Hacia un estallido organizado?
La pregunta que resuena en los pasillos de Azopardo ya no es si habrá paro, sino cuándo y cómo. La intención de la dirigencia es que esta nueva medida de fuerza no sea solo sindical, sino que logre aglutinar el grito desesperado de las pymes al borde de la quiebra, los jubilados estafados y una clase media que cae a pedazos.
Cristian Jerónimo, cotitular de la CGT, fue tajante: “No nos vamos a quedar de brazos cruzados. Nunca se descarta un paro general como medida concreta de respuesta”.
La central obrera ya le hizo cuatro paros y catorce movilizaciones a esta gestión. Pero con la inflación comiéndose los ingresos, el desempleo en alza y un Gobierno sordo ante el sufrimiento popular, todos los caminos conducen a una inevitable y masiva protesta. El pueblo está en estado de alerta, y el estallido de la resistencia obrera está a la vuelta de la esquina.