Por Redacción Info del Plata
La distancia insalvable entre el relato oficial y la realidad material que padecen los sectores populares y la clase media quedó expuesta de manera cruda en el corazón financiero de los Estados Unidos. En el marco de su gira ante banqueros de Wall Street y delegaciones del G20, el ministro de Economía, Luis Caputo, dejó una definición que desató una inmediata controversia en el país al asegurar públicamente que en los foros internacionales “nadie pregunta por los créditos en mora”, jactándose de la supuesta solidez del programa fiscal libertario.
La frase, pronunciada mientras el dólar minorista tocó los $1.535 en la plaza local y el mayorista operó en máximos históricos por encima de los $1.500, cayó como un balde de agua fría en una economía real donde el sobreendeudamiento ya alcanzó proporciones críticas.
La tragedia que el Palacio de Hacienda ignora
Lejos de la euforia de los fondos especulativos, las propias estadísticas oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA) desmienten la tranquilidad ministerial:
- Morosidad récord en los hogares: La cartera crediticia en mora de las familias trepó al 12,8%, el registro más alto desde la crisis de 2001-2002.
- Más de 6 millones de afectados: Millones de titulares de cuentas están clasificados en situación de irregularidad o deudores de difícil recuperación por atrasos en resúmenes de tarjetas de crédito y préstamos personales de consumo.
- Endeudamiento para comer: Informes de universidades nacionales confirman que el 70% de las obligaciones financieras contraídas por asalariados e informales en el último semestre no se destinaron a la adquisición de bienes durables, sino a la compra de alimentos, el pago de medicamentos y la cancelación de boletas de luz y gas con tarifas dolarizadas.
“Para el ministro de Economía la mora es una anécdota invisible porque en Wall Street solo miran si se pagan los cupones de los bonos soberanos. La realidad es que el pueblo trabajador se endeuda para no caer en la indigencia”, señalaron analistas previsionales y del consumo popular.
La connivencia con el sistema bancario
La confesión de Caputo coincide cronológicamente con la entrada en vigor del nuevo régimen de Cobro con Transferencia (CCT) habilitado por el BCRA, que autoriza a los bancos comerciales y billeteras virtuales a ejecutar débitos forzosos de deudas sobre las cuentas sueldo de los trabajadores.
Mientras el titular del Palacio de Hacienda desprecia el impacto de la mora en sus exposiciones neoyorquinas, en el territorio nacional el Estado actúa como ejecutor judicial de facto para asegurar la rentabilidad corporativa de las entidades financieras, reteniendo ingresos de carácter alimentario.
El contraste resulta lapidario: el gobierno de Javier Milei festeja ante acreedores foráneos un “superávit” construido sobre la licuación de los haberes jubilatorios y los salarios, mientras niega cualquier mecanismo de alivio o regulación de tasas para los millones de hogares atrapados en la usura crediticia.