La Selección Argentina debutó en el Mundial 2026 con una victoria contundente por 3-0 ante Argelia. Lionel Messi, en una noche histórica, marcó un triplete, jugó su partido número 200 con la camiseta nacional.
Argentina empezó el Mundial como tenía que empezar: con autoridad, con jerarquía y con un mensaje claro para todos los que ya la querían jubilar antes de tiempo.
La Selección venció 3-0 a Argelia en Kansas City y dio el primer paso en la defensa del título mundial. Pero la noche no fue una más: Lionel Messi volvió a escribir una página inmensa en la historia del fútbol argentino.
El capitán jugó su partido número 200 con la camiseta de la Selección, disputó su sexto Mundial y marcó los tres goles de una victoria que hizo estallar de emoción a millones de argentinos.
Messi abrió el partido con un remate desde afuera del área, amplió la diferencia tras aprovechar una respuesta corta del arquero y cerró la noche con otra definición de crack absoluto.
Con ese triplete, alcanzó los 16 goles en Copas del Mundo e igualó el récord histórico de Miroslav Klose como máximo goleador mundialista.
Y en una Argentina golpeada por el ajuste, los tarifazos y la angustia de llegar a fin de mes, la Selección vuelve a ocupar un lugar enorme: es casi la única alegría popular que todavía logra abrazar a todos. Mientras el Gobierno le pide sacrificios al pueblo, la Scaloneta le devuelve emoción, orgullo y una razón para sonreír aunque sea por noventa minutos.
Pero esta victoria no se explica solamente por Messi.
Argentina volvió a mostrar una idea. Un equipo ordenado, solidario, competitivo y convencido de lo que tiene que hacer. Una Selección que no depende de gritos vacíos, sino de trabajo, planificación y una conducción que sabe cuidar al grupo.
Scaloni armó un equipo que compite, pero también protege. Que exige, pero acompaña. Que tiene figuras, pero no abandona la idea colectiva.
Por eso esta Selección emociona tanto. Porque representa una Argentina posible: organizada, solidaria, orgullosa de su identidad y capaz de plantarse ante el mundo sin pedir permiso.
El 3-0 ante Argelia fue mucho más que un resultado. Fue una declaración de principios.
Argentina arrancó defendiendo la corona, Messi volvió a convertirse en bandera y el pueblo argentino encontró otra vez en la Selección un espejo donde todavía se puede mirar con esperanza.
La Scaloneta ganó, gustó y avisó: el campeón está de pie.