EL AJUSTE BAJA PERSIANAS: CERRARON 41.000 KIOSCOS Y YA HABLAN DE UNA CRISIS COMO LA DE 2001

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Desde diciembre de 2023 desaparecieron miles de comercios de cercanía y el sector denuncia un derrumbe brutal del consumo. Ventas que caen hasta un 50%, regreso del fiado, tarifas impagables y familias que ya recortan hasta los pequeños gastos cotidianos muestran la otra cara del modelo económico del Gobierno.

La crisis de los kioscos en Argentina ya se transformó en una de las postales más crudas del deterioro del consumo popular. Desde diciembre de 2023 cerraron alrededor de 41.000 kioscos tradicionales y la cantidad de comercios habría pasado de aproximadamente 100.000 a apenas 59.000. Detrás de cada persiana baja no hay solamente un número: hay familias que pierden su ingreso y barrios que ven desaparecer negocios históricos.

Mientras el Gobierno nacional continúa exhibiendo indicadores macroeconómicos como prueba de una supuesta recuperación, en la economía cotidiana la realidad golpea de otra manera. Los kiosqueros aseguran que actualmente cierran cerca de 50 comercios por día, en un escenario marcado por menor poder adquisitivo, servicios cada vez más caros y una feroz pelea por cada peso que todavía circula en la calle.

EL BOLSILLO NO MIENTE: VOLVIÓ EL FIADO

Uno de los datos más alarmantes es el comportamiento de los consumidores. Comerciantes del sector describen que volvió una escena que muchos argentinos creían enterrada después de la crisis de 2001: comprar hoy y prometer pagar después de cobrar.

El regreso del fiado muestra hasta dónde llegó la falta de dinero disponible en los hogares. Golosinas, bebidas, cigarrillos y pequeños productos que durante décadas formaron parte del consumo cotidiano comenzaron a convertirse en gastos que las familias analizan, postergan o directamente eliminan.

En barrios de clase media como Villa Urquiza, Caballito y Villa Crespo, las ventas habrían caído alrededor de un 50% frente a los niveles de hace tres años. La situación resulta todavía más grave en sectores del conurbano bonaerense, el sur porteño y distintas localidades del interior, donde algunos comercios aseguran estar vendiendo hasta tres veces menos.

Las zonas de mayor poder adquisitivo tampoco quedaron completamente al margen. Puerto Madero, Recoleta y Belgrano registran retrocesos menores, cercanos al 20%, dejando en evidencia una Argentina donde el impacto de la crisis cambia según el código postal.

41.000 CIERRES: LA CARA QUE NO ENTRA EN LOS DISCURSOS OFICIALES

Los números describen una emergencia comercial difícil de disimular. El consumo en kioscos y comercios tradicionales cayó 4,6% interanual en junio, mientras que la baja mensual alcanzó el 4,4%. En lo que va del año, el segmento acumula también resultados negativos.

La crisis de los kioscos en Argentina expone así una contradicción cada vez más evidente entre determinados indicadores celebrados desde el poder y lo que ocurre frente al mostrador. Cuando una familia deja de comprar un alfajor, una gaseosa o un paquete de galletitas, puede parecer un ajuste insignificante. Multiplicado por millones de consumidores, termina significando locales vacíos, deudas y persianas cerradas.

El problema tampoco termina en la falta de clientes. Los comerciantes enfrentan subas de impuestos, servicios públicos y otros gastos necesarios para mantener funcionando el negocio. Desde el sector aseguran que existen propietarios que actualmente pagan más de electricidad que de alquiler, una situación que consideran inédita.

DEL ALFAJOR A LA LUZ: TODO SE VOLVIÓ UNA LUCHA POR SOBREVIVIR

El cambio en los hábitos de consumo también resulta contundente. Las primeras marcas pierden terreno frente a productos más económicos, mientras promociones y combos se convierten en la única posibilidad de concretar determinadas ventas.

Un turrón de $500 puede terminar ofreciéndose en promociones de tres unidades por $1.000. Un alfajor cercano a los $2.000 aparece en combos para intentar conseguir compradores. El comerciante reduce márgenes para sostener movimiento, mientras el consumidor busca desesperadamente gastar menos.

Esa carrera hacia abajo puede resultar letal. Cuando varios negocios de una misma zona reducen sus ganancias para competir por un público con cada vez menos dinero, todos terminan trabajando al límite.

A la caída del consumo se suma además el crecimiento de grandes cadenas y nuevos puntos de venta. Supermercados, farmacias, verdulerías y cadenas comerciales incorporaron productos que históricamente tenían al kiosco como principal canal.

Según representantes del sector, por cada kiosco perteneciente a una cadena que abre pueden cerrar entre seis y ocho comercios tradicionales. Para un pequeño propietario que depende exclusivamente de su negocio, competir contra estructuras capaces de repartir ganancias y pérdidas entre decenas de sucursales se vuelve cada vez más difícil.

“COMO EN 2001”, PERO ESTA VEZ EL GOLPE FUE MÁS RÁPIDO

La comparación que realizan los kiosqueros resulta estremecedora. Quienes atravesaron la crisis de 2001 aseguran que existen señales que vuelven a repetirse: falta de efectivo, crecimiento del crédito para gastos básicos, regreso del fiado y caída abrupta de las ventas.

Existe, sin embargo, una diferencia que preocupa todavía más al sector. A finales de los años noventa el deterioro se produjo gradualmente hasta desembocar en el estallido de 2001. Ahora, los comerciantes describen un golpe mucho más rápido.

La desaparición de 41.000 kioscos desde diciembre de 2023 representa mucho más que una crisis sectorial. Es también una advertencia sobre lo que sucede cuando el equilibrio de las cuentas pretende construirse mientras se achica violentamente la capacidad de consumo de millones de argentinos.

El ajuste puede presentarse en planillas, discursos y conferencias. En los barrios tiene otra imagen: un comerciante apagando la heladera para ahorrar electricidad, un cliente preguntando cuánto cuesta antes de comprar y una persiana que un día baja para no volver a levantarse.

Si esta dinámica continúa durante el segundo semestre, el panorama podría profundizarse. Desde el sector ya anticipan niveles de actividad comparables con los registrados durante una de las peores crisis económicas de la historia argentina.

Porque cuando desaparecen miles de pequeños comercios, no solamente cierran kioscos. Se destruye trabajo, se pierde consumo y se apaga una parte de la economía de cada barrio argentino.

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