CAPUTO CONTRA LAS CUERDAS: LA INFLACIÓN AMENAZA CON REBOTAR Y EL GOBIERNO SALE A CAZAR DÓLARES

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El equipo económico enfrenta una semana caliente: el dato de inflación de julio amenaza con cortar el relato de la desaceleración mientras el Tesoro necesita conseguir otros USD 874 millones. Precios, deuda, tasas y una economía que sigue sin encontrar alivio para el bolsillo argentino.

La economía argentina vuelve a entrar en una semana decisiva y Luis Caputo queda otra vez contra las cuerdas. Mientras el Gobierno insiste en mostrar la desaceleración inflacionaria como uno de sus principales logros, los primeros números de julio encendieron una señal incómoda: los precios podrían haber vuelto a acelerar. Al mismo tiempo, el Tesoro necesita seguir buscando dólares para sostener su programa financiero, en un escenario donde conseguir financiamiento ya empieza a resultar más caro.

Detrás de las planillas y los discursos oficiales aparece una realidad mucho más cotidiana. Alquiler, luz, gas, transporte, alimentos y servicios siguen presionando sobre trabajadores, jubilados, comerciantes y familias que llevan meses haciendo cuentas para llegar a fin de mes. El problema para el Gobierno de Javier Milei es que la paciencia social no se mide únicamente con porcentajes: se mide en changuitos, tarifas y salarios.

El jueves 13 de agosto, el Indec dará a conocer el Índice de Precios al Consumidor de julio. Las estimaciones privadas relevadas por el Banco Central ubican la inflación alrededor del 2%, frente al 1,9% registrado en junio. Aunque la diferencia pueda parecer pequeña, un resultado de ese nivel o superior significaría interrumpir la tendencia descendente observada durante los últimos meses.

LA INFLACIÓN VUELVE A ENCENDER LAS ALARMAS

El primer aviso llegó desde la Ciudad de Buenos Aires. Allí, la inflación de julio alcanzó el 2,9%, una fuerte aceleración frente al mes anterior. El incremento interanual llegó al 33,2%, mientras que durante los primeros siete meses del año los precios acumularon una suba del 19,4%.

Las categorías que más empujaron el índice fueron justamente algunas de las que tienen impacto directo sobre la vida diaria: restaurantes y hoteles, vivienda, electricidad, gas, transporte y alimentos. No se trata solamente de estadísticas abstractas. Son gastos que aparecen todos los meses y que condicionan cuánto puede consumir una familia después de pagar las obligaciones básicas.

Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subieron 2,7%. Restaurantes y hoteles avanzaron 5,3%. También hubo presión en transporte, recreación y alimentos. El invierno volvió a demostrar que cuando llegan las facturas, el supuesto milagro económico se vuelve bastante menos visible para quienes viven de un sueldo o una jubilación.

Aunque la estructura del índice porteño es diferente de la utilizada por el Indec para medir la inflación nacional, el movimiento sirve como señal sobre la evolución de determinados precios. Por eso, todas las miradas estarán puestas ahora sobre el dato nacional.

Para Milei y Caputo hay mucho más en juego que unas décimas. Una nueva aceleración complicaría uno de los pilares políticos del oficialismo: presentar la baja de la inflación como prueba definitiva de que el ajuste está funcionando.

EL BOLSILLO NO ENTIENDE DE RELATOS

El Gobierno puede festejar cada descenso estadístico, pero hay una discusión que continúa abierta en la calle: cuánto cuesta vivir en la Argentina.

Cuando aumenta la electricidad, sube el alquiler, se encarece el transporte y los alimentos siguen ajustándose, el porcentaje mensual pierde parte de su efecto comunicacional. Una inflación menor que la registrada durante otros períodos no significa automáticamente recuperación del poder adquisitivo ni mejora inmediata de las condiciones de vida.

Ahí aparece una de las principales contradicciones del modelo libertario. El oficialismo necesita mostrar estabilidad macroeconómica mientras buena parte de la sociedad reclama una recuperación que pueda sentirse concretamente en el consumo, el empleo y los ingresos.

Desde una mirada nacional y popular, ordenar las cuentas públicas no puede transformarse en un objetivo separado del bienestar de la población. La estabilidad que se construye debilitando el mercado interno, restringiendo el crédito o dejando salarios atrás corre el riesgo de convertirse en equilibrio financiero con emergencia social.

CAPUTO NECESITA DÓLARES Y EL MERCADO EMPIEZA A PEDIR MÁS

La inflación no será el único problema de la semana. El miércoles Economía realizará otra colocación del Bonar 2029, un bono denominado en dólares mediante el cual el Tesoro intenta fortalecer su disponibilidad de divisas.

El Gobierno estableció un cupo total de USD 2.000 millones para este instrumento. Hasta ahora logró colocar USD 1.126 millones, por lo que todavía necesita conseguir otros USD 874 millones.

En la última operación ingresaron USD 309 millones durante la primera vuelta, sobre ofertas por USD 366 millones. La tasa nominal anual alcanzó el 8,02%, ligeramente por encima de la licitación anterior. Luego se sumaron otros USD 150 millones.

El dato que preocupa no es solamente cuánto dinero logró captar Caputo. También importa cuánto debe pagar para conseguirlo.

La tasa ya superó el 8% y las ofertas mostraron menor fuerza. Si esa tendencia continúa, el discurso de confianza absoluta del mercado podría empezar a chocar con una pregunta inevitable: ¿cuánto están dispuestos a exigir los inversores para prestarle dólares al Gobierno argentino?

LA CUENTA QUE PUEDE QUEDAR PARA MAÑANA

Existe además un elemento político imposible de ignorar. El Bonar 2029 vence durante la próxima administración. Es decir, parte de la estrategia financiera actual extiende compromisos hacia el futuro.

Para 2027, año electoral, el Ministerio de Economía proyecta conseguir alrededor de USD 5.000 millones en el mercado de capitales local. El objetivo luce ambicioso si las tasas continúan aumentando o disminuye la voluntad de los inversores para colocar dólares en títulos del Tesoro.

Argentina conoce demasiado bien esta película: gobiernos que celebran financiamiento como una demostración de confianza mientras las obligaciones quedan anotadas para los años siguientes.

Conseguir dólares puede resolver necesidades inmediatas. La discusión de fondo es qué estructura productiva, comercial y financiera permitirá generar esas divisas de manera sostenible sin convertir nuevamente al endeudamiento en el respirador artificial de la economía.

ENTRE LA PLANILLA DE EXCEL Y LA HELADERA

Caputo enfrenta entonces dos exámenes en apenas unos días. Primero deberá superar una licitación en la que necesita dólares y donde el mercado empieza a mostrar condiciones más exigentes. Después llegará el número que más fácilmente entiende cualquier argentino: cuánto subieron los precios.

La Casa Rosada intentará presentar cualquier inflación cercana al 2% como una nueva señal de estabilidad. Sin embargo, si el índice vuelve a acelerarse, será difícil esconder que el proceso encontró un piso mucho más resistente de lo que prometía el relato libertario.

El verdadero desafío no consiste únicamente en conseguir que una estadística baje algunas décimas. Argentina necesita producir, generar empleo, recuperar salarios, fortalecer su mercado interno y garantizar que el crecimiento llegue a quienes trabajan.

Porque mientras Milei celebra el ajuste y Caputo busca dólares en los mercados, millones de argentinos siguen haciendo la cuenta más importante de todas: si la plata alcanza hasta fin de mes.

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