¡ARGENTINA SIN ASADO! EL CONSUMO DE CARNE SE HUNDIÓ AL PEOR NIVEL EN 20 AÑOS MIENTRAS LAS EXPORTADORAS SE LA LLEVAN EN PALA

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El plato tradicional de los hogares argentinos sufre su mayor proceso de extinción económica. El último informe estadístico de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) reveló que el consumo aparente de carne vacuna retrocedió a 46,3 kilos por habitante al año, acumulando un desplome del 12,3% en términos interanuales. La cifra marca el registro más bajo del siglo XXI, ubicándose incluso más de 20 kilos por debajo del piso histórico registrado en el colapso socioeconómico del año 2001.

El fenómeno no responde a una alteración cultural ni a un cambio espontáneo en las preferencias gastronómicas de la población: es el resultado matemático de la licuación brutal del salario real y la desregulación irrestricta del comercio exterior impulsada por el Gobierno de Javier Milei.

Exportaciones récord a costa del plato popular En contraste absoluto con el desierto en las carnicerías de barrio, el informe sectorial consignó que las exportaciones de carne vacuna crecieron un 8,8% en volumen durante el mismo período, alcanzando cifras de facturación récord para un puñado de consorcios frigoríficos concentrados.

Bajo la doctrina de la desregulación absoluta, el Palacio de Hacienda eliminó cualquier mecanismo de encaje o diferenciación arancelaria entre los cortes populares de consumo doméstico y los cortes de exportación de alta gama. El resultado es el desacople regresivo: los cortes populares que históricamente nutrieron la mesa de las familias obreras pasaron a cobrarse en las carnicerías del conurbano y del interior con paridad de precio internacional en dólares, volviéndose inaccesibles para jubilados y trabajadores registrados.

Carnicerías vacías y pérdida de soberanía alimentaria La parálisis del mostrador arrastra consigo a miles de carniceros, matarifes y repartidores que observan caídas de ventas de hasta un 30% en los barrios populares. El tradicional asado de fin de semana, pilar de cohesión familiar y símbolo fundacional de la dignidad del trabajador argentino, ha sido desplazado por sustitutos proteicos de menor calidad ante la imposibilidad de afrontar boletas de miles de pesos por kilo.

Para Info del Plata, este esquema encarna la esencia del modelo colonial: transformar a la Argentina en un enclave exportador primario donde la riqueza del suelo se despacha en barcos hacia el exterior, dejando en el territorio miseria, salarios licuados y mesas desabastecidas. La soberanía nacional empieza por garantizar que ningún argentino pase hambre en la tierra del alimento.

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