El Gobierno nacional volvió a recurrir a la euforia digital para celebrar un número estadístico desvinculado de la vida cotidiana. Tras la publicación del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que ubicó el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) de julio en un 0,8%, el presidente Javier Milei replicó en sus redes sociales: “Y al final julio empezó con CERO”. Sin embargo, detrás de la algarabía en la Casa Rosada, la realidad del mostrador en las provincias y los barrios populares describe un panorama de devastación productiva.
La desaceleración de los precios en el segmento mayorista no es producto de una mayor eficiencia productiva, de una baja en los costos logísticos ni de una revolución de inversiones: es el resultado directo de la parálisis inducida del mercado interno. Los precios mayoristas se frenan porque la cadena comercial no convalida aumentos ante la imposibilidad absoluta de trasladarlos al consumidor final.
Ventas por el suelo y la asfixia del comercio minorista
El contraste con la economía real queda plasmado en los relevamientos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas continúan en terreno negativo, registrando incluso una caída del 2,5% interanual en fechas clave como el Día de las Infancias. A pesar de que más del 81% de los locales implementaron promociones agresivas y financiamiento en cuotas, el volumen físico de ventas continúa retrocediendo frente al deterioro sostenido del poder de compra del salario.
A la falta de clientes en la calle se suma una estructura de costos fijos que no da tregua. Mientras el nivel general mayorista marca 0,8%, el propio informe del INDEC revela que el rubro de la energía eléctrica acumula una suba interanual del 45%. Las boletas de luz, gas, alquileres y tasas municipales llegan con incrementos que las pequeñas unidades comerciales y los talleres barriales no pueden absorber con cajas en mínimos históricos.
La paz de los cementerios no es estabilidad
Para la doctrina justicialista de Info del Plata, una economía sana no mide su éxito por el silencio de sus mercados, sino por el bullicio de sus fábricas y la concurrencia en sus comercios. Estabilizar los precios mediante la aniquilación del poder adquisitivo popular y el estrangulamiento de la demanda no es pericia técnica: es la imposición de la “paz de los cementerios”.
El peronismo sostiene que el verdadero equilibrio económico se construye sobre la base de la Comunidad Organizada: salarios dignos que sostengan el consumo, una burguesía nacional comercial e industrial protegida de la usura tarifaria y un Estado que fomente la producción en lugar de festejar el congelamiento de la actividad. Celebrar una inflación baja mientras el pueblo no tiene dinero para comprar alimentos ni bienes esenciales representa una desconexión moral con el sufrimiento del pueblo trabajador.