La morosidad de las familias alcanzó niveles extremos mientras millones de personas quedaron afuera del crédito. La Casa Rosada reconoce el problema, pero apuesta a que los bancos negocien con cada deudor sin una intervención estatal directa.
El ajuste ya no se discute solamente en las estadísticas. Entró en las casas, llegó a las tarjetas y se instaló en las cuotas que miles de familias argentinas tienen cada vez más dificultades para pagar. Cerca de seis millones de personas enfrentan problemas de endeudamiento y quedaron fuera del acceso a nuevos préstamos debido a obligaciones impagas. Al mismo tiempo, la mora bancaria se mantiene en niveles que no se observaban desde hace más de veinte años.
Frente a semejante cuadro, el Gobierno nacional decidió no avanzar con un programa de asistencia directa. Su postura es que se trata de un problema entre privados y que utilizar recursos públicos para aliviar las deudas podría generar lo que denomina “riesgo moral”. En cambio, Economía y el Banco Central esperan que las propias entidades refinancien los pasivos de sus clientes.
EL BOLSILLO NO ENTIENDE DE TEORÍA ECONÓMICA
La discusión oficial puede llenarse de términos técnicos, pero para una familia argentina la situación es mucho más sencilla: si el sueldo no alcanza, la tarjeta empieza a reemplazar al salario. Después aparece el préstamo para pagar la tarjeta, la refinanciación para cubrir el préstamo y una rueda que puede volverse cada vez más difícil de detener.
La irregularidad del crédito familiar se quintuplicó durante el último año y medio. Los últimos datos mostraron una pequeña baja, de 12,8% a 12,7%, que el Gobierno interpreta como una posible señal de estabilización. Sin embargo, semejante variación todavía resulta mínima frente a la magnitud del deterioro acumulado.
Según las estimaciones oficiales citadas este sábado, algunos bancos comenzaron a ofrecer refinanciaciones con tasas de entre 20% y 25% anual a tres años. La administración de Javier Milei confía en que esos acuerdos privados terminen descomprimiendo la situación.
El punto político es inevitable. Mientras desde la Casa Rosada se sostiene que las variables macroeconómicas se encuentran ordenadas, millones de argentinos siguen mirando otro tablero: el vencimiento de la tarjeta, el alquiler, los alimentos y las cuotas acumuladas.
La estabilidad será difícil de celebrar mientras una parte enorme de la sociedad tenga que hacer malabares para llegar al próximo resumen de cuenta.