A PEDIDO DEL AMO: EL GOBIERNO APURA POR DECRETO LA LISTA NEGRA EXTERIOR QUE LE DICTARON DESDE EL NORTE

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El Poder Ejecutivo prepara la incorporación por decreto de 18 agrupaciones internacionales al registro antiterrorista tras el mandato expreso de emisarios norteamericanos. La sumisión ideológica dinamita la histórica tradición de neutralidad argentina y pone en alerta la seguridad de toda la población.

En un nuevo capítulo de subordinación diplomática sin precedentes cercanos, el Poder Ejecutivo nacional afina los detalles legales de un decreto para sumar a 18 agrupaciones y organizaciones internacionales al Registro Público de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo (RePET). Lejos de responder a una evaluación técnica, autónoma y fundada en hipótesis de conflicto que amenacen concretamente las fronteras nacionales, la medida constituye una respuesta directa a las exigencias planteadas por enviados de Washington y organismos de inteligencia exterior durante las últimas cumbres bilaterales.

El texto, coordinado entre la cartera de Seguridad y el Palacio San Martín, busca sellar un alineamiento geopolítico total y acrítico. En lugar de preservar el principio rector de neutralidad activa que distinguió a la República Argentina a lo largo de décadas, la actual gestión opta por involucrar al país en disputas bélicas y tensiones territoriales que le son absolutamente ajenas.

De la Tercera Posición a la sumisión colonial

La decisión oficial quiebra la doctrina de política exterior que garantizó a la Argentina un estatus de nación pacífica, promotora de la resolución pacífica de controversias y respetuosa del derecho internacional humanitario. Al asumir listas ajenas redactadas en el hemisferio norte, la administración libertaria renuncia a ejercer la Soberanía Política en los foros globales.

Las consecuencias de este seguidismo automático se proyectan en frentes de extrema delicadeza:

  • Importación de hipótesis de conflicto: Colocar al país como vanguardia de causas que responden a la agenda militar y estratégica de potencias extranjeras eleva el riesgo sobre la seguridad interior y desprotege a objetivos civiles e instituciones comunitarias.
  • Aislamiento en la región: La ruptura con la tradición diplomática multilateral aparta a la Argentina de los consensos de paz de América del Sur, debilitando la integración soberana y la cooperación vecinal.
  • Moneda de cambio financiera: Fuentes diplomáticas coinciden en que este endurecimiento testimonial en materia de seguridad internacional busca funcionar como una ofrenda política ante foros de crédito y organismos multilaterales, con la vana ilusión de destrabar rescates para el plan de ajuste fiscal doméstico.

El negocio de la obediencia

Para los sectores populares, los jubilados y los trabajadores que sufren la licuación de sus ingresos, el despliegue de esta agenda foránea no aporta ninguna solución tangible. Mientras se recortan presupuestos en hospitales, escuelas y obras de infraestructura básica, el Estado destina recursos operativos y diplomáticos a rubricar consignas dictadas desde el exterior.

La soberanía no se terceriza ni se canjea por una palmada en la espalda en foros foráneos. El interés nacional exige defender los recursos estratégicos, cuidar la integridad de nuestro territorio y preservar la tranquilidad de la comunidad. Sellar listas negras por encargo externo es la confesión más elocuente de un modelo que gobierna de espaldas a las necesidades del pueblo argentino y de rodillas ante los centros de poder internacional.

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