MILEI CAMBIA ENEMIGOS POR SOCIOS: EL PACTO CON LOS GOBERNADORES PARA IR POR LA REELECCIÓN

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El acuerdo de Milei con los gobernadores marca un giro profundo en la estrategia política de la Casa Rosada. Después de meses de enfrentamientos, amenazas y recortes sobre las provincias, el oficialismo ahora necesita convertir a antiguos adversarios en aliados para sostener su agenda legislativa y construir el camino hacia la reelección presidencial de 2027.

Lejos de representar una apertura destinada a resolver la emergencia social que atraviesan millones de argentinos, el acercamiento tiene una finalidad esencialmente electoral. Mientras los jubilados cuentan las monedas para comprar medicamentos, las familias enfrentan tarifas cada vez más difíciles de pagar y las PyMEs luchan por mantener sus puertas abiertas, el Gobierno concentra sus esfuerzos en garantizarle otros cuatro años de poder a Javier Milei.

Durante la primera etapa de su administración, la conducción libertaria impulsó candidatos propios en distintas provincias con el argumento de fortalecer a La Libertad Avanza y limitar la influencia de los mandatarios locales. Aquella decisión produjo fuertes tensiones dentro del oficialismo y abrió una disputa entre quienes pretendían conservar la denominada “pureza” partidaria y quienes advertían que, sin acuerdos territoriales, sería muy difícil gobernar.

Ahora la realidad parlamentaria parece haber obligado al Gobierno a modificar aquel libreto. La necesidad de conseguir votos en el Congreso, aprobar una reforma electoral y ampliar su presencia en el interior terminó pesando más que los discursos contra la política tradicional.

DEL DISCURSO ANTICASTA AL ARMADO CON LA CASTA

La contradicción resulta evidente. Quienes llegaron al poder prometiendo terminar con los acuerdos de la política tradicional comenzaron a negociar con gobernadores, dirigentes provinciales y estructuras territoriales para sostener el proyecto presidencial.

El oficialismo intenta presentar esta transformación como una adaptación necesaria a las nuevas circunstancias. Sin embargo, detrás de las explicaciones aparece una conclusión más directa: el Gobierno descubrió que no puede construir una reelección únicamente mediante la confrontación y las redes sociales.

Dentro de la Casa Rosada reconocen que Milei conserva mejores expectativas electorales en algunas zonas del interior que en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Esa evaluación aceleró la búsqueda de entendimientos con los gobernadores que mantienen una relación cercana con el Poder Ejecutivo.

Diego Santilli, desde la Jefatura de Gabinete, y Eduardo “Lule” Menem, como responsable del armado nacional, encabezan las conversaciones con los mandatarios provinciales. El objetivo es sumar respaldo territorial, asegurar votos legislativos y evitar que las disputas locales fragmenten el electorado oficialista.

No se trata, de todos modos, de acuerdos sin condiciones. La Casa Rosada exige que los gobernadores acompañen su agenda en el Congreso, especialmente la reforma electoral que pretende impulsar el Poder Ejecutivo. Aquellos que rechacen las modificaciones quedarían fuera de las negociaciones para el armado de 2027.

APOYO A CAMBIO DE LUGARES EN LAS LISTAS

Una de las posibilidades analizadas es incorporar un sistema similar al de las listas colectoras. Ese mecanismo permitiría que los espacios provinciales adhieran sus candidatos a legisladores nacionales a una misma candidatura presidencial, aunque deban competir contra las propias listas de La Libertad Avanza.

Desde el oficialismo aseguran que esta alternativa no implicaría entregar automáticamente lugares en el Congreso. Los dirigentes provinciales tendrían que disputar sus posiciones, pero contarían con una herramienta electoral para mantenerse dentro de una alianza encabezada por Milei.

La propuesta revela hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno para asegurar su continuidad. Aquello que anteriormente podía ser presentado como una práctica de la vieja política ahora aparece como una solución válida cuando beneficia al proyecto libertario.

También deja expuesta la fragilidad del relato que intentó dividir a la sociedad entre una dirigencia supuestamente impura y un oficialismo ajeno a las negociaciones tradicionales. Cuando el poder quedó en juego, las fronteras discursivas comenzaron a desaparecer.

LA FOTO DE LA UNIDAD Y EL VERDADERO OBJETIVO

La imagen de Javier Milei junto a trece gobernadores durante las actividades por el Día de la Independencia en Tucumán buscó transmitir una nueva etapa de diálogo. Detrás de la fotografía, sin embargo, avanzaba un armado cuidadosamente diseñado para fortalecer la candidatura presidencial de 2027.

Tras aquel encuentro, Santilli recibió al gobernador de San Luis, Claudio Poggi, como parte de una sucesión de reuniones que se intensificaron durante las últimas semanas. Posteriormente, el mandatario puntano mantuvo conversaciones con “Lule” Menem, otro de los protagonistas de la estrategia territorial.

Cada acercamiento responde a la misma necesidad: sumar gobernabilidad en el presente y músculo electoral para el futuro. La administración libertaria pretende que los acuerdos provinciales le permitan aprobar sus reformas, ampliar su representación parlamentaria y consolidar la aspiración de un segundo mandato.

Nada indica, por el momento, que estas negociaciones incluyan un compromiso equivalente para recuperar el empleo, defender la industria nacional o reparar el daño provocado sobre los sectores más vulnerables. Las urgencias sociales continúan fuera del centro de la mesa, mientras la distribución del poder ocupa todas las conversaciones.

UN GOBIERNO PENSANDO EN 2027 Y UN PUEBLO PELEANDO POR LLEGAR A FIN DE MES

La Argentina productiva necesita acuerdos, pero acuerdos destinados a reactivar las fábricas, recuperar el consumo, proteger a los jubilados y garantizar trabajo digno. El problema no es el diálogo entre la Nación y las provincias, sino que ese diálogo quede reducido a cargos, listas y conveniencias electorales.

Desde una mirada peronista, gobernar significa colocar la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación por encima de cualquier ambición individual. Una negociación que sólo busca garantizar la continuidad de un Presidente, mientras las mayorías soportan el ajuste, representa exactamente lo contrario.

Milei parece haber comprendido que necesita a los gobernadores que antes enfrentaba. Todavía no demuestra, en cambio, haber comprendido que ningún proyecto nacional puede sostenerse ignorando a los trabajadores, los comerciantes, los jubilados y las familias que padecen diariamente las consecuencias de su política económica.

El cambio de estrategia ya está en marcha. La confrontación permanente fue reemplazada por el pragmatismo electoral y los antiguos adversarios comienzan a transformarse en socios. Mientras tanto, la verdadera emergencia no se discute en los despachos: está en la calle, en los hogares endeudados, en las persianas bajas y en cada argentino que pelea para sobrevivir al ajuste.

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