El mandatario reclamó formalmente por Malvinas en Naciones Unidas tras meses de alineamiento sumiso con Gran Bretaña. Mientras en los atriles monta una pantomima nacionalista, en los despachos reactiva concesiones coloniales y humilla la memoria de los caídos en el General Belgrano.
En un giro tan desesperado como previsible, Javier Milei intentó vestirse de patriota en el estrado de la 79ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Tras un discurso furibundo contra la Agenda 2045 y los consensos internacionales, el Presidente argentino dedicó un breve tramo a demandar al Reino Unido que reanude las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
La escena hubiese sido protocolar si no fuera por un detalle insoslayable: el mismo hombre que hoy levanta el dedo en Nueva York es quien jamás ocultó su admiración fanática por Margaret Thatcher, la primera ministra británica que ordenó fuera del área de exclusión el cobarde ataque al crucero ARA General Belgrano, segando la vida de 323 héroes argentinos.
El cotillón no tapa la entrega en el Atlántico Sur
La maniobra diplomática en Manhattan llega en el momento de mayor debilidad política del relato exterior libertario. Apenas horas antes, las negociaciones entre la canciller Diana Mondino y su par británico David Lammy desnudaron la reedición del infame pacto Foradori-Duncan: el restablecimiento de vuelos semanales San Pablo-Córdoba-Malvinas y la cooperación para la explotación ictícola y petrolera en aguas usurpadas, sin que Londres ceda un solo milímetro en la cuestión de fondo.
Para los veteranos de guerra y las familias de los caídos, el acting presidencial es una provocación inadmisible. Mientras en el exterior se ensaya una impostura soberanista, fronteras adentro el Gobierno:
- Desfinancia los programas de salud y pensiones de los Veteranos: Asfixia al PAMI y a las áreas de contención psicológica que asisten a quienes pusieron el cuerpo en 1982.
- Cede el control de la cuenca pesquera: Permite que flotas extranjeras operen bajo licencias ilegales otorgadas por la gobernación colonial de Puerto Argentino, desangrando miles de millones de dólares en recursos argentinos.
- Alínea la defensa nacional con la OTAN: Subordina el aparato militar argentino al mando de los aliados incondicionales de la potencia ocupante de nuestras islas.
La doctrina de la entrega encubierta
El peronismo ha sostenido históricamente que la soberanía no se proclama a los gritos en un salón refrigerado de Estados Unidos, sino que se ejerce en el mar, en el territorio y en la defensa irrestricta de la dignidad nacional. El reclamo formal de Milei en la ONU no representa una rectificación estratégica; es una burda cortina de humo diseñada por asesores de imagen para contener la sangría de votos en los centros urbanos y en las Fuerzas Armadas, donde el malestar por la sumisión a Londres escala sin freno.
No se puede rendir culto a los victimarios y al mismo tiempo honrar a los héroes de la Patria. La soberanía nacional sobre las Islas Malvinas es irrenunciable e inclaudicable, y ningún maquillaje televisivo podrá ocultar que, cuando las luces se apagan, el gobierno libertario trabaja a libro cerrado para consolidar la presencia británica en nuestro suelo patrio.