Mientras el “León” juega a la macroeconomía en las redes, los laburantes esperan horas en las paradas. Deuda millonaria en subsidios, tarifazos en el combustible y un plan de ajuste que nos deja sin colectivos. ¿Se viene el parate total?
La motosierra no corta la casta, corta el cable de los frenos y la manguera del gasoil. El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se ha convertido en un escenario de desolación y bronca para miles de trabajadores que, día tras día, ven cómo el gobierno nacional de Javier Milei abandona a su suerte el sistema de transporte público. La frecuencia de los colectivos cayó en picada este mes, con reducciones que ya alcanzan el 18% promedio, y la advertencia es letal: si no aparecen los fondos, el servicio podría desaparecer.
Un agujero negro de $130 mil millones
La gestión libertaria parece haber olvidado que detrás de las planillas de Excel hay personas que necesitan llegar a sus puestos de trabajo. Según denunció Luciano Fusaro, titular de AETA, la deuda que el Estado Nacional mantiene con las empresas de transporte asciende a la escandalosa cifra de $130.000 millones.
“Es virtualmente imposible brindar los servicios. El gasoil voló de $1.740 a más de $2.100, pero el Gobierno hace de cuenta que la inflación no existe para los subsidios”, sentenció el empresario, dejando al desnudo la desidia oficial.
El ensañamiento con la Provincia
En una clara maniobra de asfixia política, la Casa Rosada ha decidido pisar los fondos que le corresponden a la Provincia de Buenos Aires. Solo en concepto de Atributo Social (el descuento para nuestros jubilados y beneficiarios de la AUH), la Nación adeuda más de $50 mil millones. Mientras la Ciudad de Buenos Aires mantiene sus pagos al día, el interior y el conurbano sufren el látigo de un centralismo porteño y elitista que desprecia al trabajador bonaerense.
Crónica de un colapso anunciado
Las imágenes en las paradas de Constitución, Once y los nodos del Conurbano son desgarradoras:
- Esperas interminables: Hay líneas que ya recortaron hasta un 40% de sus servicios.
- Líneas fantasma: Empresas que directamente bajaron la persiana porque no pueden cargar los tanques.
- Efecto dominó: Con los trenes funcionando a media máquina por la falta de mantenimiento oficial, la presión sobre el colectivo es una bomba de tiempo.
¿Se viene el estallido salarial?
La tregua tiene fecha de vencimiento: el cuarto día hábil de mayo. Si para el próximo jueves el Gobierno no transfiere los fondos adeudados, las empresas no podrán depositar los sueldos de los choferes. La UTA ya advirtió que no tolerará un solo peso menos en el bolsillo de los trabajadores.
Milei y su gabinete de tecnócratas juegan con fuego. Mientras ellos se desplazan en autos oficiales y se preocupan por el superávit financiero para los amigos del mercado, el pueblo queda rehén de una “tormenta perfecta” que amenaza con paralizar el corazón productivo del país. ¿Hasta cuándo van a tirar de la cuerda antes de que se corte?