TRABAJAR YA NO ALCANZA: NUEVE DE CADA DIEZ NUEVOS OCUPADOS NECESITAN MÁS HORAS PARA SOBREVIVIR

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Mientras el Gobierno celebra estadísticas y promete una recuperación que no llega a los hogares, millones de argentinos enfrentan una realidad mucho más dura: tener trabajo ya no garantiza poder llegar a fin de mes. Más del 90% de las personas que consiguieron una ocupación durante el último año necesita trabajar más horas para conseguir los ingresos necesarios para vivir.

El dato expone una verdadera emergencia social. El mercado laboral genera puestos cada vez más precarios, con salarios bajos, jornadas insuficientes y una informalidad que alcanzó al 44,2% de los trabajadores durante el primer trimestre de 2026.

Lejos de representar una mejora genuina, el crecimiento de la ocupación muestra cómo las familias salen desesperadamente a buscar nuevos ingresos para pagar alimentos, servicios, alquileres y medicamentos. La necesidad obliga a trabajar más, pero el modelo económico no garantiza empleos dignos ni remuneraciones suficientes.

MÁS TRABAJO, MENOS DERECHOS Y SALARIOS QUE NO ALCANZAN

Entre el primer trimestre de 2025 y el mismo período de 2026 se incorporaron alrededor de 213.000 nuevos ocupados. Sin embargo, el empleo formal perdió trabajadores y las actividades que crecieron fueron principalmente las informales, tanto entre asalariados como entre trabajadores independientes.

Esta situación permitió que la desocupación no aumentara de manera significativa, pero escondió una crisis mucho más profunda. Miles de personas aparecen estadísticamente como ocupadas aunque realizan tareas sin estabilidad, sin cobertura social, sin aportes jubilatorios y con ingresos insuficientes.

La tasa de actividad llegó al 48,6%, uno de sus niveles más altos. Detrás de ese número no existe necesariamente una sociedad con mayores oportunidades, sino hogares en los que más integrantes deben salir a trabajar porque un solo salario ya no alcanza para sostener a la familia.

El drama se profundiza porque más del 90% de los nuevos ocupados manifestó que necesita trabajar una mayor cantidad de horas. Aun así, muchos no pueden hacerlo porque sus empleadores no ofrecen más jornadas o porque, en el caso de los independientes, la caída del consumo les impide vender más productos y servicios.

LA SUBOCUPACIÓN CRECE Y EL CONSUMO SE DERRUMBA

La población subocupada aumentó un 14% interanual durante el primer trimestre de 2026. Se trata de personas que tienen una actividad laboral, pero trabajan menos horas de las que necesitan y buscan ampliar su jornada para obtener mayores ingresos.

Este fenómeno demuestra que el aumento de la ocupación no constituye un proceso virtuoso. Por el contrario, refleja una economía en la que la necesidad empuja a más argentinos hacia empleos precarios, changas o actividades informales que no garantizan una vida digna.

A la falta de horas laborales se suma el desplome del consumo. Los trabajadores independientes encuentran cada vez menos clientes, mientras numerosos comercios, pequeñas empresas y emprendimientos enfrentan ventas en retroceso y costos que continúan aumentando.

El ajuste no desapareció. Solamente cambió de forma. Ya no se expresa únicamente mediante despidos o cierres, sino también a través de salarios bajos, pérdida de derechos laborales, extensión de las jornadas y familias enteras buscando desesperadamente una entrada adicional.

LOS SALARIOS VOLVIERON A PERDER CONTRA LA INFLACIÓN

Durante marzo, la remuneración promedio del empleo registrado se ubicó en $2.207.129 y mostró un aumento interanual del 31,6%. La remuneración mediana, que representa de manera más precisa lo que cobra la mitad de los trabajadores, alcanzó los $1.540.251, con una suba del 28,1%.

Ambos indicadores quedaron por debajo de la inflación interanual del 32,6%. La pérdida resultó aún más pronunciada en la remuneración mediana, que se ubicó 4,5 puntos porcentuales por debajo del incremento de los precios.

Las estadísticas confirman lo que se vive diariamente en los barrios. Los aumentos nominales no alcanzan para compensar el encarecimiento de los alimentos, el transporte, la luz, el gas, el alquiler y los gastos esenciales.

Además, el ingreso disponible, es decir, el dinero que queda después de pagar los compromisos fijos, continúa un 14,5% por debajo del promedio registrado entre enero y septiembre de 2023. El bolsillo trabajador sigue pagando las consecuencias del modelo económico del Gobierno.

EL SUELDO SE TERMINA ANTES DEL DÍA 20

La crisis salarial queda todavía más clara al observar las respuestas de los propios trabajadores. El 61% sostiene que sus ingresos alcanzan, como máximo, hasta el día 20 de cada mes.

Otro 24,3% logra llegar con lo justo al final del mes, pero sin ninguna posibilidad de ahorrar. Apenas el 13% afirma que puede cubrir sus gastos y guardar una parte de sus ingresos.

La mayoría de los argentinos vive sin margen para afrontar una enfermedad, una reparación del hogar o cualquier imprevisto. Cada gasto extraordinario puede convertirse en una deuda, una tarjeta refinanciada o un nuevo préstamo.

A su vez, el 86,1% considera que su salario no logra superar a la inflación. Aunque el Gobierno hable de estabilidad, la sensación social es clara: el dinero pierde valor y el esfuerzo cotidiano alcanza cada vez para menos.

UNA ARGENTINA QUE TRABAJA, PERO SE EMPOBRECE

La degradación laboral también modifica la forma en la que la población percibe su posición social. Más de la mitad de los consultados se identifica como integrante de los sectores bajos o medio-bajos, mientras que apenas el 10,5% se ubica dentro de la clase alta.

Los bajos salarios, la falta de trabajo y la corrupción se encuentran entre las principales preocupaciones de la sociedad. La inflación perdió peso relativo en algunas mediciones, pero eso no significa que la situación haya mejorado. Los argentinos dejaron de mirar solamente el porcentaje de aumento de los precios y comenzaron a preocuparse por algo todavía más grave: no tener ingresos suficientes para pagarlos.

Desde una mirada nacional, popular y profundamente peronista, el trabajo debe ser una herramienta de dignidad, movilidad social y justicia. No puede transformarse en una carrera interminable para sobrevivir ni en una estadística utilizada para esconder la pobreza laboral.

La Argentina necesita producción, industria, comercios con ventas, pequeñas y medianas empresas funcionando y salarios capaces de sostener el mercado interno. Sin justicia social no existe recuperación verdadera. Un país donde la gente trabaja cada vez más horas y vive cada vez peor no está creciendo: está profundizando la desigualdad.

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