Con el oficialismo trabado en el Congreso, Javier Milei vuelve a endurecer su discurso mientras negocia votos para avanzar con reformas clave. La modificación del Banco Central, el intento de flexibilizar la venta de tierras a extranjeros y la eliminación de las PASO aparecen en una agenda cada vez más atravesada por la pelea electoral. Mientras tanto, la economía real sigue golpeando el bolsillo de los argentinos.
El Gobierno de Javier Milei vuelve a acelerar en el Congreso después de semanas de derrotas, negociaciones frustradas y proyectos que no consiguen los votos necesarios. La Casa Rosada necesita recuperar desesperadamente la iniciativa política y ahora pone sobre la mesa una batería de reformas que toca cuestiones sensibles: el Banco Central, las tierras rurales, el sistema electoral y los beneficios para distintas regiones del país.
Detrás de la supuesta batalla por transformar la Argentina aparece cada vez con mayor claridad otro objetivo: preparar el terreno para la reelección. Mientras millones de argentinos cuentan los pesos para llegar a fin de mes, el oficialismo concentra buena parte de su energía en acomodar el tablero político que necesitará para volver a competir por el poder.
EL CONGRESO SE LE EMPANTANÓ A MILEI
La última victoria importante de La Libertad Avanza en Diputados ocurrió el 24 de junio, cuando consiguió aprobar el denominado segundo RIGI y enviarlo al Senado. Desde entonces, el escenario legislativo se volvió mucho más incómodo para el Gobierno.
En la Cámara alta la situación tampoco viene siendo sencilla. El oficialismo acumuló sucesivos tropiezos con su proyecto sobre la denominada inviolabilidad de la propiedad privada y tuvo que modificar varias veces una iniciativa que generó fuertes cuestionamientos por el tratamiento de las tierras rurales.
Ahora Martín Menem vuelve a sentarse con bloques aliados y sectores dialoguistas para conseguir los votos que Milei no tiene por cuenta propia. PRO, radicales, fuerzas provinciales y sectores cercanos al peronismo aparecen otra vez como piezas fundamentales para que el Gobierno consiga avanzar.
La contradicción resulta cada vez más evidente: mientras el Presidente sigue hablando contra “la casta”, necesita negociar prácticamente cada ley con la misma política tradicional que cuestiona públicamente.
BANCO CENTRAL: MILEI QUIERE CONVERTIR LA REFORMA EN BANDERA DE CAMPAÑA
Una de las principales apuestas del Ejecutivo será la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Milei decidió colocar personalmente el proyecto en el centro de su discurso y presentarlo como una transformación estructural.
No se trata solamente de una discusión técnica. El Gobierno busca transformar la iniciativa en una bandera electoral y recuperar parte de aquella narrativa antisistema con la que Milei llegó a la Presidencia.
Mientras tanto, la Argentina cotidiana muestra otra película. Familias endeudadas, comercios que luchan para sostenerse, tarifas que presionan sobre los hogares y trabajadores preocupados por sus ingresos conviven con un oficialismo que ya empieza a mirar obsesivamente la próxima elección.
La política libertaria vuelve así al viejo mecanismo que decía combatir: discursos explosivos para las cámaras y negociaciones silenciosas cuando llega el momento de contar los votos.
TIERRAS ARGENTINAS: EL PUNTO QUE ENCENDIÓ TODAS LAS ALARMAS
Uno de los conflictos más sensibles aparece alrededor de la venta de tierras rurales a extranjeros. El proyecto original buscaba eliminar restricciones y terminó chocando contra fuertes resistencias políticas, sociales y territoriales.
Después de varios fracasos, La Libertad Avanza comenzó a ceder. La nueva alternativa mantendría límites, aunque elevaría el porcentaje permitido para propietarios extranjeros.
Ese cambio no borra la discusión de fondo.
La tierra argentina no es una mercancía cualquiera. Representa producción, recursos naturales, agua, alimentos, soberanía y futuro. Desde una mirada nacional y justicialista, cualquier modificación que facilite una mayor extranjerización merece ser discutida con enorme responsabilidad.
Argentina necesita inversiones, pero necesita todavía más defender sus recursos estratégicos. Abrir indiscriminadamente la puerta al capital extranjero nunca puede presentarse como modernización si detrás queda debilitada la capacidad nacional de decidir sobre su propio territorio.
PASO, SÚPER RIGI Y SUBSIDIOS: LA LISTA SIGUE CRECIENDO
El Senado tiene además una agenda cargada. El Gobierno quiere avanzar con una reforma electoral que incluya la eliminación de las PASO, otro punto considerado fundamental para ordenar el camino hacia la reelección presidencial.
También aparece el denominado Súper RIGI, nuevas discusiones sobre subsidios al gas en zonas frías y diferentes proyectos que permanecen acumulados mientras el oficialismo intenta reconstruir mayorías.
Cada negociación tiene un precio político.
Gobernadores, bloques provinciales y aliados circunstanciales saben que Milei necesita votos. Aquella imagen de un Presidente dispuesto a gobernar sin negociar empieza a chocar contra una realidad elemental de la democracia argentina: sin acuerdos parlamentarios, las leyes no salen.
CUANDO FALTAN VOTOS, SOBRA DISCURSO
Frente a las dificultades en el Congreso, Milei volvió a una herramienta conocida: subir el volumen de la confrontación.
El Presidente volvió a apuntar contra Luiz Inácio Lula da Silva y profundizó la tensión verbal con Brasil, incluso cuando desde la diplomacia aparecían señales destinadas a reducir el conflicto con el principal socio comercial de la Argentina.
También insistió con acusaciones sobre una supuesta campaña internacional contra el país y volvió a cuestionar a buena parte del periodismo.
La estrategia parece clara: cuando la gestión encuentra obstáculos, vuelve la polarización.
En lugar de explicar por qué el bolsillo argentino continúa bajo presión, el Gobierno busca instalar adversarios. Cuando el Congreso se complica, reaparece la épica. Cuando los números políticos no alcanzan, aparecen enemigos dentro y fuera del país.
EL PROBLEMA QUE NINGÚN DISCURSO PUEDE TAPAR
Milei puede confrontar con Lula, atacar al kirchnerismo, denunciar a la casta o multiplicar cadenas nacionales. Ninguno de esos discursos resuelve por sí solo los problemas diarios de una familia argentina.
La verdadera discusión pasa por otro lado: trabajo, producción, industria nacional, salarios, jubilaciones, pequeñas y medianas empresas y capacidad de llegar a fin de mes.
Desde el peronismo doctrinario existe una diferencia profunda con el modelo libertario. Una Nación no puede pensarse únicamente desde balances fiscales, intereses financieros o ventajas para grandes capitales. La economía debe estar al servicio del pueblo y no el pueblo subordinado a una planilla de Excel.
El Gobierno quiere recuperar la iniciativa y ya mira hacia la reelección. Pero mientras Milei piensa en cómo conservar el poder, millones de argentinos necesitan respuestas ahora.
Porque antes que la próxima campaña electoral están la mesa familiar, el empleo argentino y la soberanía nacional.
Y esas tres cosas no pueden quedar esperando hasta 2027.