NEGACIÓN SERIAL: JP MORGAN LE CORTA EL PRONÓSTICO AL PAÍS, SE DERRUMBA LA CONFIANZA Y MILEI GRITA QUE LAS ESTADÍSTICAS MIENTEN

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El relato del supuesto milagro económico argentino acaba de chocar de frente contra su propio espejo. JP Morgan, la entidad de cabecera de Wall Street que el Ministerio de Economía suele utilizar como estandarte de validación internacional, emitió un informe lapidario en el que recortó abruptamente la expectativa de crecimiento del Producto Bruto Interno de la Argentina a un magro 1,5%. El banco estadounidense advirtió sobre la falta de sustentabilidad del programa financiero, la fragilidad de las reservas netas del Banco Central y el agotamiento del ajuste fiscal sustentado en la paralización de la obra pública y el congelamiento previsional.

La advertencia de Wall Street no hizo más que sincronizarse con el termómetro de la sociedad. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), medido por la Universidad Torcuato Di Tella, registró una caída vertical que ubica la credibilidad de la administración Milei en su piso más bajo desde su asunción. El desplome atraviesa todas las variables: capacidad para resolver problemas, honestidad de los funcionarios y evaluación general del rumbo del país.

Romper el termómetro: la respuesta del Presidente

Frente al doble revés que desarma la propaganda oficial, la reacción desde la Casa Rosada no fue la rectificación ni la autocrítica, sino la cólera y la negación serial. En intervenciones públicas recientes, Javier Milei redobló su embestida contra los sistemas de medición del propio Estado: descalificó los informes del INDEC, trató de “incompetentes” a las consultoras que miden inflación y caída del consumo, y afirmó textualmente que “las estadísticas tradicionales no entienden la revolución monetaria y arrojan cualquier cosa”.

La táctica de romper el termómetro cuando la temperatura no favorece al enfermo no es novedosa, pero adquiere tintes alarmantes en quien se autopercibía como un académico infalible. Cuando los índices de pobreza aumentan, cuando la capacidad instalada de la industria metalmecánica se derrumba y cuando las ventas en farmacias caen a dos dígitos, la culpa ya no es de la realidad, sino de quien elabora los índices.

El costo del delirio sobre la espalda de los abuelos

La negación no es inocua: tiene víctimas de carne y hueso. Para el jubilado que cobra el haber mínimo o para el trabajador que ve licuado su poder de compra, la discusión no es sobre decimales de Excel:

  • Hogares al límite: El derrumbe del consumo masivo obedece a que los salarios y jubilaciones fueron devorados por los tarifazos en servicios y el encarecimiento desmedido de la canasta básica.
  • Asfixia a la burguesía nacional: Las PyMEs industriales, que generan el 70% del empleo en la Argentina, sufren la combinación letal de apertura indiscriminada de importaciones y destrucción absoluta del mercado interno.
  • Aislamiento político: Hasta los sectores financieros que celebraron la desregulación advierten que un país con el 50% de pobreza y sin consumo no ofrece garantías de repago ni estabilidad institucional.

La doctrina peronista sostiene con vigor histórico que la única verdad es la realidad. Un proyecto de país no se valida con algoritmos en redes sociales ni con discursos mesiánicos en foros foráneos, sino con fábricas humeando, salarios que alcancen para vivir con dignidad y abuelos protegidos por la seguridad social. Cuando un gobierno prefiere gritarle a los números antes que mirar el hambre de su pueblo, demuestra que su ciclo político ha ingresado en una etapa de agotamiento irreversible.

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