El colonialismo británico no descansa, y la diplomacia de rodillas del gobierno libertario le allana el camino. Este miércoles, la compañía británica Rockhopper Exploration ratificó públicamente su cronograma operativo para extraer petróleo en el megayacimiento “Sea Lion”, ubicado en la cuenca norte de nuestras Islas Malvinas. La empresa proyecta bombear los primeros barriles comerciales sin que desde el Palacio San Martín se haya emitido una sola nota de protesta formal con sanciones efectivas.
Un saqueo a cielo abierto
El yacimiento Sea Lion cuenta con reservas comprobadas de cientos de millones de barriles de crudo de alta calidad. Bajo el amparo de la administración ilegítima británica en las islas, el consorcio internacional avanza en el diseño de ingeniería para la fase extractiva. Todo esto ocurre en flagrante violación a la Ley Nacional de Hidrocarburos 26.659, que prohíbe y sanciona con inhabilitación penal y comercial a cualquier empresa que opere en la plataforma continental argentina sin autorización expresa del Estado soberano.
Sin embargo, para los ocupantes de Puerto Argentino y sus socios corporativos en la City londinense, las leyes de la Nación son letra muerta. Saben que en la Casa Rosada no gobierna el interés patrio, sino una administración encandilada con las potencias anglosajonas, dispuesta a archivar las banderas históricas de soberanía a cambio de palmadas protocolares en foros occidentales.
El relato de la entrega
La paradoja libertaria roza la traición: mientras el Presidente se jacta de compras de armamento en desuso a potencias de la OTAN y llena de patriotismo de plástico los actos castrenses, desmantela la secretaría de Malvinas, congela los beneficios de los veteranos de guerra y tolera que el invasor perfore nuestro lecho marino para llevarse las riquezas de las futuras generaciones.
El petróleo del Atlántico Sur no es una simple mercancía: es soberanía energética, divisas para el desarrollo del país, infraestructura para los argentinos y la prueba material de una usurpación que sigue doliendo en el corazón del pueblo trabajador.
La soberanía no se negocia
La complacencia no es ingenuidad; es un posicionamiento doctrinario explícito. Un gobierno que concibe a la patria como una mera suma de transacciones comerciales termina por naturalizar que el suelo usurpado a punta de cañón sea rifado a corporaciones multinacionales. Frenar el expolio de Malvinas exige una diplomacia con espaldas nacionales, no este silencio cómplice que pisotea el sacrificio de 1982.