CANÍBALES EN EL QUINCHO: ESTALLÓ LA INTERNA PRO-LLA Y MILEI VE TRAIDORES EN CADA ESQUINA ANTE EL PÁNICO ELECTORAL

Compartir

Se terminó el barniz moral de la nueva política. A usted le dijeron que había que sufrir hoy para estar mejor mañana, que el Estado era un enemigo y que los políticos tradicionales eran el origen de todos los males. Sin embargo, puertas adentro de la Casa Rosada y del Congreso, los adalides de la libertad hoy protagonizan un espectáculo dantesco digno de la peor politiquería: se están devorando entre ellos por los cargos de las próximas elecciones.

Este miércoles estalló por los aires el frágil pacto de gobernabilidad entre el PRO y La Libertad Avanza. Las negociaciones por el armado de listas en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires se transformaron en un campo minado de extorsiones y operaciones cruzadas. El Presidente ve traidores en su propio Gabinete, el macrismo exige cuotas de poder a cambio de levantar la mano en Diputados, y la mesa chica libertaria se atrinchera en un aislamiento paranoico.

Mientras la “casta” que decían combatir ahora es su principal socia o su peor enemiga según convenga el poroteo legislativo, el Congreso Nacional está paralizado. Leyes clave duermen en los cajones porque los legisladores están más preocupados por asegurar su supervivencia política que por resolver la crisis que ellos mismos profundizaron.

El contraste es de una crueldad inadmisible. El gobierno acaba de recortar el acceso a medicamentos, congeló el presupuesto de las universidades y avala tarifazos impagables para la clase media y las PyMEs, todo bajo el dogma inamovible del “no hay plata”. Pero a la hora de discutir cajas, fondos reservados y ubicaciones en las boletas electorales, la austeridad desaparece y aflora la verdadera ambición de poder.

Gobernar no es administrar planillas de Excel, es conducir los destinos de una Nación. Cuando un modelo económico excluye al hombre y lo somete a la especulación financiera, su modelo político inevitablemente degenera en el anarquismo palaciego. No hay lealtad donde no hay doctrina nacional; solo hay intereses particulares en pugna por el desguace del Estado.

La crisis de palacio recién comienza. Los argentinos asisten al fracaso de un experimento que prometió eficiencia técnica y purismo moral, pero que a la primera prueba de fuego electoral demostró ser un grupo de caníbales peleando por los restos de un país asfixiado.

Compartir
Dejar comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *