No hizo falta una cámara oculta ni una filtración de inteligencia. Con la soberbia de quienes se sienten impunes a miles de kilómetros de distancia, el presidente de YPF, Horacio Marín, soltó desde los salones de París la frase que resume el modelo económico del gobierno de Javier Milei: la nafta está cara, pero no van a bajar su precio.
Desde la capital francesa, acompañando la comitiva oficial, la máxima autoridad de nuestra petrolera de bandera dejó en claro que la función de YPF ya no es el desarrollo del país, sino la acumulación financiera a costa del sacrificio de millones de argentinos.
El golpe a la producción nacional Para el laburante que usa su vehículo, para el fletero que cruza las rutas nacionales y para la PyME que necesita mover su mercadería, los surtidores se han convertido en una guillotina silenciosa. Pagar el combustible a precios internacionales con salarios congelados en pesos es una ecuación que destroza cualquier intento de reactivación del mercado interno.
El modelo extractivista expone aquí su peor rostro. Vaca Muerta rompe récords de producción, pero esa riqueza, que debería funcionar como el motor del crecimiento argentino y el abaratamiento de la logística para la burguesía nacional que invierte y da trabajo, se desvía para engrosar márgenes de rentabilidad que se aplauden en foros europeos.
La desnaturalización del Estado La confesión de Marín tiene un peso doctrinario profundo. Cuando una empresa estatal que nació para garantizar la soberanía actúa con la misma voracidad que un fondo de inversión extranjero, el Estado pierde su razón de ser. Le exigen al ciudadano un sacrificio monumental para alcanzar un supuesto “equilibrio macroeconómico”, pero cuando ese equilibrio exige resignar ganancias extraordinarias corporativas, la motosierra desaparece mágicamente.
El libre mercado en la Argentina de Milei funciona con una regla de oro: los precios internacionales son para el mostrador, pero la austeridad franciscana es para el sueldo de los trabajadores y los jubilados. Desde París, la casta corporativa brindó con la nuestra.