Los autodenominados “genios de las finanzas” acaban de chocar la calesita. La jornada de hoy expuso la fragilidad absoluta de un modelo que desprecia la producción nacional y fía todo su destino a la especulación. Con el dólar rompiendo con facilidad la barrera de los $1520, el Banco Central debió asistir a una sangría brutal: 2.000 millones de dólares se evaporaron en las narices del equipo económico.
La culpa siempre es del otro Cuando los números no cierran, la ortodoxia económica siempre busca un culpable fuera de sus propios manuales. Ahora, el problema no es la apertura indiscriminada ni la destrucción del mercado interno que lideran las PyMEs, sino los ahorros privados. En una escena que roza el humor negro, el titular de Economía llegó al extremo de pedirle a los estudiantes que convenzan a sus padres de sacar los dólares “del colchón”.
El verdadero costo del modelo El peronismo advirtió históricamente que los únicos dólares genuinos son los que genera el trabajo argentino. Cuando se asfixia a la burguesía nacional productiva y se premia la bicicleta financiera, el final está cantado. El gobierno no busca los ahorros de la gente para invertirlos en fábricas, puentes o tecnología; los busca para sostener la salida de capitales de los mismos fondos especulativos que hoy aplauden desde Wall Street.
Pedirle a un jubilado o a un trabajador de clase media que entregue el fruto de años de sacrificio para maquillar un fracaso macroeconómico no es un plan de gobierno, es una confesión de impotencia.