La narrativa del orden fiscal que promociona la administración de Javier Milei choca contra el paredón de la realidad en las provincias argentinas. Los datos consolidados de ejecución presupuestaria del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) y de la Oficina de Presupuesto del Congreso confirman que el superávit financiero proclamado en Buenos Aires tiene un origen nítido: el vaciamiento de los recursos coparticipables y de las transferencias no automáticas destinadas a las provincias, que sufrieron un recorte real del 87%.
Este esquema, que el Ejecutivo busca blindar en el Presupuesto, no representa un saneamiento genuino del gasto público. Se trata de un mecanismo de asfixia que traslada la carga del ajuste directamente a los distritos donde residen, producen y trabajan los 47 millones de argentinos.
RUTAS DESTROZADAS Y PARÁLISIS ESTRUCTURAL
El renglón más dramático de esta poda recae sobre la obra pública y el mantenimiento de infraestructura, con una caída acumulada del 84%. Desde el norte grande hasta la Patagonia, las rutas nacionales que transportan la cosecha, los minerales y la manufactura PyME se encuentran paralizadas y en progresivo estado de deterioro, multiplicando accidentes viales y encareciendo de manera insostenible los costos de flete y logística para las economías regionales.
A la parálisis del asfalto se suma el freno absoluto en obras de saneamiento básico, redes de agua potable, cloacas y ampliación de hospitales regionales. Municipios e intendencias de todo el país denuncian que la ausencia total del Estado Nacional los obliga a absorber urgencias sanitarias y alimentarias en un contexto de caída libre de la recaudación local por la recesión imperante.
UNIVERSIDADES Y SALUD EN LA LÍNEA DE FUEGO
La motosierra libertaria no discriminó prioridades sociales ni estratégicas: las transferencias a las universidades nacionales del interior sufrieron un tijeretazo promedio del 40%, poniendo en riesgo la continuidad del ciclo lectivo y asfixiando los centros de investigación científica y tecnológica locales. En paralelo, los envíos especiales para programas de salud materno-infantil, provisión de vacunas y subsidios al transporte público provincial fueron prácticamente borrados del mapa presupuestario.
Frente a este escenario, gobernadores de diversos espacios políticos —desde el peronismo hasta fuerzas provinciales y sectores de la oposición dialoguista— comenzaron a articular una resistencia legislativa en el Congreso. La advertencia es unánime: sin fondos coparticipables ni asistencia ante emergencias climáticas y productivas, el pacto federal que sostiene la unión nacional se encuentra técnicamente roto.
LA NACIÓN NO PUEDE VIVIR SIN SUS PROVINCIAS
La pretensión de construir una macroeconomía sólida destruyendo las partes que componen el todo nacional constituye un absurdo histórico y económico. Ninguna república sobrevive convirtiendo a su capital en una aduana recaudadora que retiene la riqueza generada en las chacras, los yacimientos, los talleres y los valles del país. La recuperación de la Argentina no vendrá de la sumisión financiera ni del apriete a los gobernadores, sino de un proyecto de desarrollo soberano que ponga a producir cada hectárea de nuestra tierra con trabajo digno y justicia distributiva.