José Velis presentó este miércoles su renuncia indeclinable a la Dirección General de Aduanas (DGA), organismo bajo la órbita de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). El funcionario, estrechamente ligado al asesor presidencial Santiago Caputo, formalizó su salida tras semanas de intensas rispideces con la conducción del área impositiva y ministros del gabinete nacional.
La dimisión descabeza una de las dependencias más sensibles de la administración pública, responsable de la fiscalización del ingreso y egreso de mercaderías, la recaudación de tributos al comercio exterior y la vigilancia operativa en pasos fronterizos y terminales portuarias de todo el país.
Fricciones por el control aduanero y la apertura indiscriminada
Fuentes oficiales y del sector aduanero señalan que la convivencia interna se volvió insostenible ante los choques por designaciones de segundas líneas y las directivas vinculadas a la flexibilización de controles sobre importaciones. La política de desregulación acelerada del comercio exterior colisionó con advertencias técnicas sobre la vulnerabilidad del sistema de fiscalización y la pérdida de recaudación fiscal.
La salida de Velis profundiza la sangría de funcionarios en áreas estratégicas del Estado y pone de manifiesto la feroz disputa por el manejo operativo de los puertos y las aduanas del interior, en momentos donde la apertura importadora impacta de lleno sobre la producción de las PyMEs argentinas.
Soberanía debilitada y desprotección productiva
Con la vacante abierta en la DGA, el Gobierno enfrenta la urgencia de redefinir una estructura golpeada por despidos, recorte de personal técnico y auditorías cruzadas. Lejos de ofrecer orden institucional, el cambio de mando confirma la improvisación en la gestión de las fronteras nacionales y agrava la incertidumbre en un sector neurálgico para la soberanía económica de la Argentina.