CITY BAJO ACECHO: LA BANDA QUE MOVÍA MILLONES ENTRE MOTOS, AUTOS, BICICLETAS Y HASTA UN MONOPATÍN

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Ocho acusados quedaron cerca del juicio por una organización que habría montado seguimientos dignos de una operación comando para quedarse con fortunas en pleno Buenos Aires. Mientras el poder político insiste con discursos de control y seguridad, las víctimas quedaron expuestas frente a delincuentes que estudiaban sus movimientos, cambiaban de vehículos y atacaban con una precisión alarmante.

La inseguridad volvió a mostrar una de sus caras más inquietantes en la Ciudad de Buenos Aires. Una banda acusada de ejecutar salideras millonarias utilizando bicicletas, motos, autos y hasta un monopatín eléctrico quedó cerca del juicio luego de una investigación que reconstruyó un mecanismo delictivo con inteligencia previa, seguimientos coordinados y una estructura preparada para escapar entre el tránsito porteño. No eran improvisados ni ladrones que elegían una víctima al azar: según la causa, existía planificación, logística y conocimiento anticipado de los movimientos de quienes transportaban importantes sumas de dinero.

El caso más impactante comenzó cuando una mujer salió de una entidad bancaria del barrio porteño de San Nicolás llevando alrededor de 200 mil dólares provenientes de la venta de un campo en Balcarce. La gran pregunta que todavía sobrevuela el expediente es cómo los delincuentes sabían que llevaba semejante cantidad de efectivo. Lo que sí pudieron reconstruir los investigadores fue el seguimiento posterior: cámaras de seguridad detectaron una bicicleta eléctrica negra, distintos automóviles y varias motocicletas participando de una persecución perfectamente coordinada.

La víctima terminó siendo interceptada en Palermo. Allí llegó la amenaza directa: debía entregar la mochila o le disparaban. En cuestión de segundos, los atacantes se quedaron con el dinero y desaparecieron utilizando diferentes medios de fuga. Sin embargo, las cámaras habían registrado parte del operativo y comenzaron a mostrar una metodología que después volvería a repetirse.

UNA LOGÍSTICA DELICTIVA QUE PARECÍA DISEÑADA PARA NO PERDER A LA VÍCTIMA

Entre los vehículos detectados aparecieron un Peugeot 207, un Volkswagen Gol Trend, un Lifan X50 y distintas motocicletas, entre ellas modelos Yamaha, KTM y Bajaj. Para los investigadores, semejante despliegue tenía una finalidad concreta: evitar que la víctima pudiera perderse en medio del tránsito y mantenerla vigilada hasta encontrar el momento adecuado para atacar.

La organización habría vuelto a actuar mientras la Policía Federal avanzaba sobre las primeras pistas. En otro episodio, dos hombres realizaron una operación financiera por aproximadamente 14 millones de pesos en una oficina ubicada sobre la avenida Corrientes. Guardaron el efectivo dentro de una mochila, subieron a una camioneta y comenzaron su recorrido sin advertir que un hombre desplazándose en monopatín eléctrico los seguía.

Después aparecieron más vehículos. Un Ford Fiesta y un Renault Sandero Stepway habrían participado del seguimiento hasta que, en la zona de Figueroa Alcorta y Monroe, cuatro motocicletas rodearon a las víctimas. Los atacantes rompieron cristales, amenazaron al conductor y, después de un forcejeo y un choque, consiguieron llevarse la mochila. Además del efectivo, se llevaron documentación personal y hasta dibujos realizados por la hija de uno de los damnificados.

No se trataba solamente del dinero. Detrás de cada número millonario había personas sorprendidas en plena calle por delincuentes que parecían conocer sus movimientos, mientras el ciudadano común sigue obligado a convivir con una sensación cada vez más pesada: salir de un banco llevando efectivo puede convertirse en una pesadilla.

CASI 30 MILLONES DE PESOS Y OTRA PERSECUCIÓN

La secuencia volvió a repetirse el 30 de diciembre, esta vez en Balvanera. Un joven de aproximadamente 20 años había retirado 28.270.000 pesos de una entidad bancaria ubicada en San Nicolás cuando fue seguido y finalmente asaltado.

Otra vez apareció una bicicleta. Otra vez hubo varios vehículos distribuidos alrededor de la víctima. Las cámaras permitieron detectar un Peugeot 208, una Volkswagen Amarok, una KTM Duke y una Honda Twister. Uno de los sospechosos terminó detenido después de una persecución y un tiroteo, pero el resto de la estructura continuó bajo investigación.

La repetición del mecanismo encendió todas las alarmas. Bicicleta para observar, vehículos para seguir, motos para ejecutar el ataque y diferentes alternativas para escapar. Una verdadera cadena logística aplicada al delito, organizada para moverse dentro de una de las ciudades más vigiladas del país.

Ese contraste también golpea de lleno contra cualquier relato político que pretenda presentar la seguridad como un problema resuelto a fuerza de consignas. La investigación demuestra que detrás del delito organizado existe capacidad de adaptación, planificación y recursos. Frente a eso, la sociedad necesita mucho más que frases grandilocuentes: necesita prevención, inteligencia criminal y un Estado capaz de adelantarse al delincuente en lugar de llegar después del golpe.

TAMBIÉN LOS VINCULAN CON UN ROBO EN PARQUE PATRICIOS

La Justicia además le atribuye a integrantes de la estructura un escruche ocurrido a mediados de enero en Parque Patricios. Del domicilio se llevaron un televisor de 50 pulgadas, tres computadoras portátiles, una memoria USB, una PlayStation 5 y una consola vinculada con las cámaras privadas de seguridad de la vivienda.

Los objetos habrían sido cargados en un Volkswagen Gol Trend y un Ford Focus para posteriormente ser trasladados hacia Boedo. Esa causa amplió todavía más el alcance de la investigación y reforzó la hipótesis de que no se estaba frente a una sucesión de hechos aislados.

Imágenes de cámaras de seguridad y escuchas telefónicas se transformaron en piezas fundamentales del expediente. A partir de ese material, los investigadores sostienen que existía una organización con preparación previa, distribución de tareas y una capacidad operativa muy superior a la de delincuentes improvisados.

OCHO ACUSADOS CERCA DEL JUICIO

La Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°32 solicitó recientemente la elevación parcial a juicio contra ocho imputados por asociación ilícita, entre ellos dos ciudadanos colombianos. La investigación también cuenta con la intervención del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°4.

Entre los principales acusados aparece Román Ezequiel Borelli, de 25 años, señalado en la causa como presunto jefe de la organización. También fue involucrado Óscar Alfredo Bullones, un jubilado mendocino de 73 años y dueño de una concesionaria ubicada en Pompeya, quien habría aportado vehículos utilizados por la estructura.

Todavía queda una pieza importante sin resolver. Los investigadores no consiguieron identificar a todos los hombres que utilizaban bicicletas durante las etapas previas de los ataques, fundamentales para mantener vigiladas a las víctimas sin levantar sospechas.

La causa avanza hacia el juicio, pero deja detrás una señal profundamente preocupante. Mientras millones de argentinos escuchan permanentemente discursos sobre autoridad, control y recuperación del orden, una banda pudo desarrollar seguimientos utilizando bicicletas eléctricas, monopatines, motos y automóviles para perseguir personas que acababan de mover importantes cantidades de dinero.

No alcanza con endurecer el discurso cuando el delincuente profesionaliza su metodología. El verdadero desafío es construir un Estado que proteja antes del asalto, que detecte antes de la amenaza y que impida que el trabajador, el comerciante o cualquier ciudadano tenga que mirar permanentemente por el espejo retrovisor para saber si alguien lo está siguiendo.

Porque detrás de los 200 mil dólares, de los 14 millones y de los más de 28 millones de pesos aparece una misma realidad: víctimas marcadas, perseguidas y atacadas en plena calle. Y cuando el miedo termina formando parte de la rutina cotidiana, ninguna batalla cultural puede esconder que existe una emergencia de seguridad que necesita respuestas concretas.

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