La economía real de la República Argentina ingresó en su fase más peligrosa. Los últimos relevamientos industriales elaborados por entidades fabriles y cámaras PyME encendieron las alarmas de máxima urgencia: el 62% de las industrias del país sufre demoras severas en sus cobranzas, mientras que 8 de cada 10 unidades productivas confirman un desplome total de sus ventas en el mercado interno. La falta de circulante y la extensión forzosa de los plazos de pago rompieron la cadena de pagos, colocando al tejido manufacturero al borde de la cesación de pagos.
El informe técnico expone que la demora en el cobro de facturas desplazó a los costos operativos como la principal preocupación de los industriales. Las empresas deben afrontar vencimientos impositivos implacables y facturas de servicios públicos con tarifas dolarizadas, mientras sus clientes postergan pagos a 60, 90 y hasta 120 días o directamente emiten cheques sin respaldo.
El mercado interno destruido por el ajuste salarial La raíz del colapso productivo no responde a una crisis técnica, sino a la decisión política del Palacio de Hacienda de secar la plaza de pesos a costa del ingreso popular. Con salarios registrados y jubilaciones que acumulan pérdidas reales frente a la canasta básica, el poder adquisitivo de las familias trabajadoras fue absorbido por alimentos y servicios esenciales, liquidando la demanda de bienes manufacturados.
Sin demanda interna, los talleres metalúrgicos, las fábricas textiles, las químicas, las madereras y las productoras de alimentos ven acumularse el stock en sus galpones. A este cuadro se suma la desregulación arancelaria que permite el ingreso de manufacturas extranjeras a precios de liquidación, desplazando a la producción local en su propio territorio.
Defender a la burguesía nacional y al empleo registrado Para la doctrina justicialista de Info del Plata, el corazón del desarrollo soberano reside en la alianza estratégica entre el capital productivo nacional y el trabajo organizado. Aquellos empresarios que invierten sus recursos en la patria, compran maquinaria y generan empleo digno —la verdadera burguesía nacional— están siendo empujados a la quiebra para alimentar el circuito especulativo financiero.
La ruptura de la cadena de pagos no es una corrección macroeconómica: es la antesala de suspensiones masivas, despidos y el cierre definitivo de persianas industriales en los cordones productivos de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. La soberanía económica de la Nación exige una inmediata inyección de crédito a tasas productivas, el cese de la apertura importadora indiscriminada y la urgente recomposición salarial que reactive la rueda virtuosa del consumo interno.