La recesión económica y la desregulación financiera golpearon de lleno en el corazón productivo de la provincia de Córdoba. Metalfor S.A., la histórica compañía fabricante de maquinaria agrícola radicada en la ciudad de Marcos Juárez, presentó ante la Comisión Nacional de Valores (CNV) el balance correspondiente al primer semestre del año, revelando pérdidas netas por $26.484 millones y un desplome interanual del 78% en el volumen de unidades fabricadas.
El documento remitido a las autoridades bursátiles expone un escenario de estrangulamiento total: la compañía reconoció restricciones severas para acceder al crédito, multiplicación de cheques rechazados, dificultades operativas con proveedores estratégicos y una alarmante falta de liquidez para adquirir insumos y afrontar el pago de salarios al personal. Frente a este panorama, la firma anticipó que durante agosto implementará una reducción drástica de su estructura operativa.
El golpe al trabajo calificado del interior El retroceso de Metalfor no es una falla de gestión privada; es la consecuencia directa de un modelo económico que privilegia la valorización financiera y la apertura comercial indiscriminada por encima de la producción industrial. La maquinaria agrícola nacional articula el trabajo de ingenieros, operarios metalúrgicos y talleres autopartistas en una cadena de valor federal que dinamiza a decenas de localidades en Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires.
Al eliminar las líneas de financiamiento productivo a tasas razonables que permitían a los productores tecnificarse y al habilitar el ingreso irrestricto de bienes de capital usados del exterior, la política económica oficial desmantela el mercado interno y deja a las fábricas argentinas sin liquidez para sostener su ritmo operativo.
Soberanía tecnológica versus especulación financiera Para la doctrina de Info del Plata, una Nación sin industria pesada ni tecnología propia queda subordinada a la primarización colonial. La burguesía nacional que arriesga e invierte en suelo argentino necesita reglas claras de defensa del producto nacional frente a la competencia desleal. Salvar el entramado industrial del interior no es una concesión sectorial: es el deber indelegable de una política soberana que priorice el trabajo argentino y la dignidad de las familias trabajadoras.