La postal de la política económica libertaria rozó esta mañana los límites del despropósito. Mientras la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA) reveló que la producción nacional se derrumbó un 15,7% en septiembre y acumula una contracción interanual del 16,9%, funcionarios del equipo económico participaron activamente en la inauguración de la Expo Auto Chino en el predio BA Ferial, celebrando la avalancha de modelos asiáticos que ingresarán al mercado local con facilidades arancelarias.
La situación es calcada en el corazón agropecuario: el informe sectorial de AFAT confirmó un desplome del 20% en la venta de tractores y cosechadoras nacionales en el último mes, asfixiando a las pymes metalmecánicas de Córdoba y Santa Fe que hoy operan con esquemas de suspensiones de personal y adelanto de vacaciones forzadas.
Desigualdad de condiciones y destrucción de empleo
El sector productivo no tardó en reaccionar. Dirigentes de las terminales locales y de las cámaras de autopartes advirtieron que competir contra el gigante asiático sin condiciones tributarias y financieras de igualdad es una condena de muerte para el empleo industrial. “Queremos competir, pero con las mismas reglas; acá pagamos tarifas y cargas fiscales confiscatorias mientras facilitan la importación terminada”, señalaron referentes del sector automotriz.
El contraste resulta doloroso: mientras en las plantas de Córdoba y del Gran Buenos Aires se apagan hornos de fundición y se reducen turnos de montaje, el Gobierno presenta como un triunfo de la desregulación la sustitución del trabajo argentino por productos terminados a miles de kilómetros.
Análisis Doctrinario
El peronismo forjó la industria automotriz y metalmecánica nacional como emblema del poderío técnico de los trabajadores argentinos. Las fábricas de autos y de maquinaria agrícola no son solo galpones con herramientas; son el núcleo del desarrollo tecnológico, de la cadena de proveedores locales y de los convenios colectivos con salarios dignos. Abrir las fronteras para rematar el mercado interno y arruinar a los industriales locales a cambio de baratijas extranjeras es la clásica receta del coloniaje comercial que somete a la Nación a ser una mera factoría primaria.