5,3 MILLONES AHOGADOS POR LAS DEUDAS: LA CGT MARCHA CONTRA EL MODELO DE MILEI Y CRECE LA TENSIÓN SOCIAL

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La central obrera prepara una movilización frente al Ministerio de Economía mientras millones de argentinos recurren al crédito para sostener gastos cotidianos. En medio del deterioro económico de los hogares, vuelve a aparecer sobre la mesa la posibilidad de un nuevo paro general contra el Gobierno.

La CGT marcha por los endeudados y pone sobre la mesa uno de los rostros más dramáticos de la Argentina actual: millones de personas que trabajan, cobran y aun así terminan recurriendo a préstamos, tarjetas o financiamiento para atravesar el mes. La central obrera definió que la movilización frente al Ministerio de Economía será el 19 o 20 de agosto, mientras su conducción analiza cómo profundizar el plan de lucha contra el gobierno de Javier Milei.

El dato que enciende todas las alarmas es demoledor. Más de 5,3 millones de argentinos presentan problemas de mora, mientras el endeudamiento se convirtió en parte de la vida cotidiana de numerosos hogares. Ya no se trata solamente de financiar un auto, un electrodoméstico o una inversión. Para muchas familias, endeudarse significa conseguir dinero para afrontar alimentos, servicios y compromisos acumulados.

CUANDO EL SUELDO NO ALCANZA, APARECE LA DEUDA

Ahí aparece una de las contradicciones más duras del relato económico oficial. El Gobierno habla de orden y estabilidad macroeconómica, pero en miles de hogares argentinos la realidad se mide de otra manera: cuánto queda en la cuenta después de pagar el supermercado, las tarifas, el alquiler y la tarjeta. Una economía puede exhibir determinados indicadores favorables y, al mismo tiempo, mantener una enorme tensión sobre los ingresos familiares.

El endeudamiento dejó de ser solamente una herramienta financiera y pasó a transformarse en un salvavidas para atravesar el mes. Un relevamiento reciente ubicó en 71,9% la proporción de hogares con dificultades de ingresos que recurre a alguna forma de endeudamiento. Además, entre los principales destinos del dinero prestado aparecen la compra de alimentos, los gastos mensuales y el pago de compromisos anteriores.

Así se forma una rueda cada vez más peligrosa: se toma deuda para pagar gastos y, después, nueva deuda para cubrir la anterior. Para millones de argentinos, la famosa libertad económica empieza a parecerse demasiado a la libertad de elegir qué cuenta dejar impaga.

LA CGT VUELVE A LA CALLE

Frente a este escenario, la conducción cegetista decidió convertir el endeudamiento familiar en uno de los ejes de su ofensiva contra la administración libertaria. La próxima parada será el Ministerio de Economía, territorio político de Luis Caputo y símbolo de un programa económico que los sindicatos cuestionan por sus consecuencias sobre trabajadores, jubilados y sectores populares.

No será una movilización aislada. La CGT viene de acompañar reclamos de jubilados, participó de las protestas vinculadas con la discusión sobre tierras y se sumó a la marcha de San Cayetano junto con organizaciones sociales. El 7 de agosto, sindicatos y movimientos sociales volvieron a marchar desde Liniers hasta Plaza de Mayo bajo consignas vinculadas con el trabajo y la situación social.

Ahora, la marcha de la CGT por los endeudados busca tocar un nervio mucho más amplio. Porque la deuda atraviesa al trabajador registrado, al monotributista, al jubilado, al comerciante y a la familia que utiliza la tarjeta simplemente para poder seguir consumiendo.

¿SE VIENE OTRO PARO GENERAL?

Mientras prepara la movilización, la mesa chica sindical mantiene abierta otra discusión pesada: la posibilidad de convocar al quinto paro general contra Milei. La conducción todavía evalúa el nivel de adhesión que podría alcanzar una medida nacional y, por ahora, apuesta por sostener la presión mediante movilizaciones.

El debate no es menor. Un paro implica pérdida de ingresos para muchos trabajadores, justamente cuando los bolsillos están castigados. Por eso, dentro de la propia CGT existen dirigentes que consideran necesario administrar cuidadosamente esa herramienta y buscar que una eventual huelga tenga suficiente respaldo social.

Sin embargo, el conflicto entre el movimiento obrero y la Casa Rosada está lejos de terminar. La Ley 27.802 de Modernización Laboral introdujo, entre otras modificaciones, nuevas reglas sobre servicios mínimos durante las huelgas. En actividades consideradas esenciales establece un piso del 75% de prestación, una disposición que generó cuestionamientos sindicales y judiciales.

LA CALLE EMPIEZA A CONTAR OTRA HISTORIA

Para el Gobierno, la batalla económica continúa concentrada en mostrar estabilidad y defender su programa. Para buena parte del movimiento sindical y de la oposición peronista, en cambio, el verdadero balance debe hacerse mirando el bolsillo de los argentinos.

Ahí está el núcleo del conflicto.

Cuando una familia debe financiar alimentos, patear vencimientos, refinanciar la tarjeta o pedir plata para atravesar los últimos días del mes, el debate económico deja de ser una discusión entre especialistas. Se convierte en una emergencia cotidiana que se siente en la mesa.

La CGT pretende llevar justamente esa realidad hasta la puerta del Ministerio de Economía. Y detrás de los gremios aparece una pregunta política que el oficialismo tendrá cada vez más dificultades para esquivar: ¿de qué sirve ordenar las cuentas si millones de argentinos terminan desordenando las propias para poder sobrevivir?

El peronismo nació colocando al trabajo y a la justicia social en el centro de la organización económica. Desde esa mirada, ningún equilibrio puede considerarse exitoso si el trabajador pierde capacidad de vivir dignamente con el fruto de su esfuerzo.

Por eso, la movilización de agosto puede superar ampliamente una disputa entre la CGT y Milei. El verdadero protagonista será el argentino endeudado, el que trabaja pero no llega, el que pasa la tarjeta mirando cuánto límite le queda y el que descubre que el sueldo termina mucho antes que el mes.

La deuda familiar ya no es un número escondido en una planilla financiera. Es una alarma social. Y esa alarma empezó a sonar cada vez más fuerte.

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