APAGÓN INDUSTRIAL EN ROSARIO: ELECTROLUX DESENCHUFA SU FÁBRICA Y DEJA A 200 FAMILIAS EN LA CALLE

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Las máquinas se apagaron, los portones se cerraron y el silencio invadió una de las naves industriales más importantes de Rosario. Electrolux bajó la persiana de su planta, dejando a 200 familias santafesinas sumidas en la desesperación y el desempleo. No es un caso aislado, es el síntoma de un país al que le están amputando su capacidad de producir.

La burguesía nacional, acorralada El empresario que invierte en Argentina, aquel que compra máquinas, contrata operarios y genera riqueza real, hoy está siendo asfixiado. Entre tarifas impagables, un mercado interno destrozado por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, y la apertura suicida a los productos importados, fabricar en el país se ha convertido en un acto de heroísmo que termina en quiebra.

El sector de línea blanca hoy está operando con una retracción brutal, produciendo un 80% menos de los volúmenes históricos que supimos alcanzar. Mientras desde los despachos oficiales de la Casa Rosada se aplaude la suba de los bonos financieros, en la economía real las persianas se bajan de forma definitiva.

El dolor de los trabajadores Doscientos obreros especializados hoy vuelven a sus casas con las manos vacías. Son 200 platos de comida que peligran, 200 proyectos de vida truncados. El peronismo siempre sostuvo que gobernar es crear trabajo; hoy, por el contrario, parece que gobernar fuera administrar la miseria para garantizar el negocio de unos pocos especuladores de saco y corbata.

La Argentina no se salva con planillas de cálculo ni con aplausos de organismos internacionales. Se salva produciendo, con chimeneas humeantes y obreros dignos. Lo que está ocurriendo en Rosario es un crimen contra nuestra Independencia Económica.

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