Después del traspié legislativo, la mesa política reunió a sus principales figuras para revisar proyectos, negociar con gobernadores y recuperar una iniciativa que muestra señales de desgaste. Sturzenegger recibió respaldo, pero desde ahora sus reformas deberán pasar por un filtro político antes de llegar al Congreso.
La crisis política del Gobierno volvió a quedar expuesta puertas adentro de la Casa Rosada. Después de una sesión legislativa que obligó al oficialismo a recortar uno de sus proyectos centrales, la mesa política reunió este martes a Federico Sturzenegger con Karina Milei, Luis Caputo, Diego Santilli y buena parte de la primera línea libertaria. Fueron alrededor de dos horas y media de discusión. Sin embargo, al terminar el encuentro no hubo una fotografía conjunta que mostrara la unidad que la administración nacional necesita transmitir.
El dato no resulta menor. El oficialismo llegó a la reunión después de tener que retirar del debate parlamentario puntos sensibles vinculados con la extranjerización de tierras y el manejo del fuego, ante la resistencia de gobernadores e incluso de sectores que suelen acompañar al Ejecutivo.
STURZENEGGER QUEDA BAJO LA LUPA POLÍTICA
Aunque desde la Casa Rosada multiplicaron los respaldos públicos al ministro de Desregulación, la reunión dejó una modificación concreta en el funcionamiento del Gobierno: los proyectos de Sturzenegger ya no tendrán vía libre hacia el Congreso.
A partir de ahora, las iniciativas deberán ser revisadas previamente por la mesa política para decidir cuándo conviene enviarlas, qué nivel de consenso tienen y cuáles podrían transformarse en decretos. En otras palabras, la política pasó a convertirse en un filtro para un programa de reformas que hasta ahora avanzaba con una lógica mucho más acelerada.
El Gobierno sostiene que pretende continuar con transformaciones profundas. No obstante, la necesidad de revisar tiempos, medir votos y negociar apoyos muestra un escenario mucho más complejo que el que se exhibía públicamente meses atrás.
Entre las iniciativas en carpeta aparecen reformas de gran alcance, como cambios en los códigos Penal y Civil, la Ley de Sociedades y la normativa del Mercado de Capitales. También permanece pendiente la denominada ley Hojarasca, destinada a eliminar decenas de normas que el Ejecutivo considera obsoletas.
EL CONGRESO LE PUSO UN FRENO A LA MOTOSIERRA
La reunión ocurrió después de una sesión del Senado que dejó señales incómodas para el oficialismo. La administración nacional consiguió avanzar con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, pero debió desprenderse de artículos que generaban resistencia política y territorial.
Uno de los puntos más conflictivos fue el relacionado con la Ley de Tierras. Dentro del propio espacio libertario existen sectores que reconocen que la iniciativa no cuenta con un respaldo suficiente y que incluso provoca rechazo entre parte de su propia militancia.
Ese escenario obliga a la Casa Rosada a enfrentar una realidad cada vez más evidente: gobernar mediante reformas profundas requiere algo más que decisión presidencial. También hacen falta votos, gobernadores dispuestos a acompañar y legisladores capaces de sostener las iniciativas cuando llegan al recinto.
Por eso, Luis Caputo insistió durante el encuentro en la necesidad de alcanzar acuerdos más amplios con mandatarios provinciales. Diego Santilli, por su parte, detalló cómo avanzan las conversaciones con distintas provincias.
AHORA EL GOBIERNO TAMBIÉN QUIERE RECUPERAR EL RELATO
Otro punto llamativo de la reunión fue el reconocimiento interno de que el Gobierno necesita recuperar terreno en la discusión pública. La mesa política analizó la denominada “batalla narrativa” y decidió que cada proyecto importante tenga voceros encargados de explicarlo antes de su llegada al Congreso.
La preocupación aparece después de un período en el que distintos temas vinculados con el sentimiento nacional, Malvinas y la discusión por la tierra ganaron espacio en la agenda pública.
El oficialismo buscará entonces explicar con anticipación sus próximas reformas y evitar que proyectos complejos lleguen al recinto sin una construcción política previa. Se trata de una corrección importante para una administración que durante buena parte de su gestión hizo de la confrontación con la política tradicional una de sus principales banderas.
DEL AVANCE SIN FRENO A LA BÚSQUEDA DE CONSENSOS
El cambio resulta evidente. El Gobierno que prometió transformar rápidamente la estructura del Estado ahora dedica buena parte de sus esfuerzos a calcular votos, negociar con gobernadores, revisar proyectos y administrar los tiempos del Congreso.
Sturzenegger conserva el respaldo presidencial y seguirá participando de las reuniones políticas para explicar sus iniciativas. Sin embargo, su presencia también refleja la necesidad de coordinar un programa reformista que comenzó a encontrar obstáculos fuera y dentro del oficialismo.
La Casa Rosada intenta mostrar que todavía conserva iniciativa. Al mismo tiempo, las reuniones ampliadas, la búsqueda de acuerdos provinciales y la revisión previa de las reformas exponen un Gobierno obligado a recalcular.
Después de dos horas y media de discusión, hubo cronograma, negociaciones y promesas de ordenar la estrategia. La foto de unidad, en cambio, nunca llegó.