El contraste es obsceno y duele. Mientras el gobierno desembarca en Nueva York para su pomposa “Argentina Week”, tocando la campanita en Wall Street y mendigando el aplauso de los fondos buitre, en las calles de nuestro país la realidad no cierra con Excel.
Según el último y contundente informe de la consultora Equilibra, que actualizó los valores reales de la canasta básica frente a la inflación devoradora, la pobreza en Argentina ya roza el 44,9%. Prácticamente la mitad de la Patria no llega a fin de mes.
El peso del ajuste no lo paga la casta El “milagro” económico que militan por redes sociales y en canales amigos tiene un costo altísimo, y lo están pagando los de siempre: el abuelo al que le licuaron la jubilación y le sacaron los remedios, el laburante que usa los ahorros para pagar la luz, y la clase media que hoy es la nueva pobre.
Dos Argentinas De un lado, sonrisas, trajes a medida y brindis en dólares con los especuladores financieros. Del otro lado, comedores desbordados, changuitos de supermercado por la mitad y tarifas de servicios públicos impagables.
El gobierno celebra el “déficit cero” como si fuera un trofeo, pero oculta deliberadamente cómo lo consiguió: pisando los ingresos reales de las familias y asfixiando a la producción nacional. La justicia social no es una variable de ajuste; cuando se la recorta, lo que sangra es el pueblo.