OPERACIÓN DESERCIÓN: MILEI Y VILLARRUEL VIAJAN AL EXTERIOR Y DEJAN EL PAÍS A CARGO DEL SENADOR DE LOS ASESORES FANTASMA

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La República Argentina atraviesa una situación de acefalía transitoria que supera lo meramente protocolar para convertirse en una postal de época. Con Javier Milei abocado a giras ideológicas y disertaciones en el hemisferio norte, y Victoria Villarruel cumpliendo compromisos protocolares en el exterior, la línea de sucesión presidencial consagrada en la Ley 20.972 colocó al frente del Poder Ejecutivo a Bartolomé Abdala, presidente provisional de la Cámara Alta.

El mecanismo constitucional es transparente: ante la ausencia simultánea del binomio presidencial, el mando corresponde a quien presida el Senado. Lo inadmisible no radica en la letra del artículo 88 de la Carta Magna, sino en la estatura política, ética y doctrinaria de quienes toman las riendas de un país sumido en una recesión planificada.

La contradicción de la “lucha contra la casta”

Bartolomé Abdala no es un dirigente anónimo. Meses atrás, el dirigente puntano conmocionó a la opinión pública al confesar en televisión abierta que mantenía cerca de una treintena de asesores solventados por el erario legislativo no para estudiar proyectos de ley, sino para apuntalar su candidatura a gobernador en San Luis: “Tengo más de quince asesores, muchos de ellos en San Luis; mi deseo es ser gobernador y para eso necesito tener gente en el territorio”, admitió sin pudor.

Aquella declaración, que debió ameritar la renuncia inmediata o una sanción de los organismos de control, fue absorbida por la habitual indulgencia del oficialismo. Hoy, ese mismo esquema político es el encargado de administrar la firma presidencial. La retórica anarcocapitalista que califica al Estado de “organización criminal” termina delegando el timón exactamente en las prácticas más viciadas de la vieja política clientelar.

El costo social de la desconexión

Este escenario de mando vacante no ocurre en el vacío. Coincide con semanas críticas para el pueblo argentino:

  • Hogares y jubilaciones en mínimos históricos: La clase pasiva sufre el congelamiento de bonos de emergencia y la quita de cobertura integral de remedios esenciales del PAMI.
  • Frenazo del consumo interno: Las PyMEs industriales y comerciales de todo el país registran caídas sistemáticas de ventas por derrumbe del poder adquisitivo.
  • Emergencia presupuestaria: Hospitales de alta complejidad y universidades públicas subsisten al borde de la parálisis operativa.

Mientras a los trabajadores se les exige sacrificio bajo la consigna de que “no hay plata”, la conducción real de la Patria se vacía de presencia activa. El peronismo ha sostenido a lo largo de su historia que gobernar es crear trabajo, proteger la producción y velar día a día por la dignidad de la comunidad. Desatender el timón nacional para delegarlo en la conveniencia partidaria constituye una falta de lealtad elemental hacia el pueblo que sufre las consecuencias del plan económico.

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