CRUELDAD SIN LÍMITES: EL GOBIERNO DEJA CAER LA EMERGENCIA PEDIÁTRICA Y ABANDONA A LOS CHICOS CON CÁNCER A SU SUERTE

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El superávit fiscal tiene un costo macabro en la Argentina actual. A pocas semanas de que expire la Ley de Emergencia Pediátrica, el oficialismo decidió bajarle el pulgar a la prórroga, dejando trascender desde los pasillos de Salud que la medida “nunca fue necesaria”. Mientras tanto, en la vida real, los médicos del Hospital Garrahan renuncian por salarios de indigencia y las familias de pacientes oncológicos deambulan en busca de insumos básicos.

La frialdad de las planillas de cálculo ha reemplazado cualquier vestigio de humanidad en la gestión pública. Colectivos de familiares, profesionales de la salud y bloques de la oposición en el Congreso han tenido que convocar reuniones de urgencia ante la negativa rotunda de la Casa Rosada a garantizar los fondos que sostienen tratamientos complejos para la infancia argentina.

La asfixia del Garrahan como política de Estado El Hospital Garrahan, orgullo histórico de la salud pública nacional y faro de excelencia en toda América Latina, hoy sufre un vaciamiento silencioso pero implacable. Pediatras, cirujanos y especialistas formados durante décadas abandonan la institución empujados por sueldos que rozan la línea de la pobreza. No es inoperancia administrativa; es una estrategia de asfixia. Al negar la emergencia, el Estado nacional se desliga de su obligación de intervenir ante el colapso, dejando a los niños de los sectores populares sin su principal trinchera por la vida.

Para el dogma libertario, todo derecho es un privilegio y toda inversión social, un déficit a erradicar. Argumentar que la emergencia “nunca fue necesaria” constituye una ofensa directa a cada madre y padre que hoy no sabe si el Estado le entregará a tiempo la medicación para su hijo.

Un modelo que descarta el futuro Nadie puede hablar de “libertad” o “desarrollo” en una Nación que abandona a sus enfermos más vulnerables para cumplir con las metas del FMI. El sacrificio que exige el Gobierno ya no recae sobre la imaginaria “casta”, sino que se cobra directamente en la salud de la infancia argentina. Cuando el Excel gobierna por encima del valor de la vida humana, el modelo económico deja de ser una teoría para transformarse en pura crueldad biopolítica.

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