Una familia tipo necesitó en septiembre más de 2,1 millones de pesos para cubrir sus gastos esenciales, con los alimentos y las tarifas subiendo por encima de la media. Con los salarios destruidos, la central obrera marchó denunciando la insensibilidad oficial y el industricidio.
El termómetro social marca niveles térmicos insostenibles. Los datos confirmados esta mañana por los organismos estadísticos y consultoras privadas marcaron un nuevo salto en la línea de flotación de las familias trabajadoras: la Canasta Básica Total trepó a $2.135.852 para un hogar de cuatro integrantes en la zona del AMBA.
El desagregado del informe revela que los principales motores del alza continúan siendo los alimentos y bebidas —con especial impacto en carnes y lácteos—, arrojando una variación acumulada que pulveriza cualquier acuerdo paritario homologado por la Secretaría de Trabajo en los últimos meses.
El tarifazo sin piedad que devora el salario
Al drama de la góndola se le suma el componente más letal de la política desregulatoria: los servicios públicos. Según asociaciones de inquilinos y consumidores, más del 55% de esos dos millones de pesos mensuales se destina exclusivamente a pagar alquiler, expensas, boletas de luz triplicadas, gas y un transporte público que no para de aumentar. La clase media trabajadora se encuentra atrapada en una pinza financiera: por un lado, salarios pisados intencionalmente por el Gobierno; por el otro, servicios dolarizados que confiscan el poco poder de compra que quedaba, eliminando por completo la posibilidad de ahorro o esparcimiento.
La CGT frente al epicentro del desastre fabril
Frente a este temporal de precios y salarios licuados, la Confederación General del Trabajo (CGT), acompañada por las dos vertientes de la CTA y referentes de gremios industriales como SMATA, se manifestó de manera masiva ante el edificio del ex Ministerio de Producción.
El documento emitido por la conducción sindical denunció al Gobierno nacional por actuar con “fanatismo ideológico e insensibilidad social”. Dirigentes metalúrgicos advirtieron que la combinación de importaciones desreguladas, tarifazos energéticos y la contracción brutal del mercado interno está empujando al país a un industricidio similar al de los años noventa, con talleres cerrando cada semana. “O cambian este modelo de ajuste salvaje o la conflictividad social no tendrá techo, porque el hambre no espera el derrame prometido”, alertaron en el acto central.