El dólar oficial se vende este viernes a $1.515 en el Banco Nación, mientras el mayorista se ubica alrededor de los $1.492. La tensión cambiaria vuelve a mezclarse con inflación, tasas y expectativas económicas.
EL DÓLAR VOLVIÓ A METERSE EN LA CONVERSACIÓN
Por más discursos de normalización económica que existan, hay una palabra capaz de alterar inmediatamente el humor financiero argentino: dólar.
Este viernes 14 de agosto, el Banco Nación mostraba al dólar estadounidense en $1.465 para la compra y $1.515 para la venta, con actualización oficial de las 9:46.
En el mercado mayorista, la referencia rondaba los $1.492, mientras otras cotizaciones financieras también permanecían por encima de los $1.500.
No estamos frente a una explosión cambiaria. Tampoco corresponde fabricar una corrida donde no existe.
Pero el movimiento vuelve a recordar una realidad histórica argentina: el dólar continúa siendo una de las variables más sensibles de toda la economía.
CADA MOVIMIENTO TERMINA MIRANDO AL BOLSILLO
Una suba sostenida de la moneda estadounidense puede trasladarse a costos importados, insumos industriales, combustibles y expectativas de precios.
Por eso, el Gobierno necesita mantener controlada la cuestión cambiaria mientras intenta reducir la inflación.
La contradicción aparece rápidamente. Argentina necesita acumular reservas, incentivar exportaciones y mantener competitividad, pero al mismo tiempo una disparada cambiaria podría volver a presionar sobre los precios internos.
En el medio queda la producción nacional.
Las pymes necesitan previsibilidad para comprar insumos, invertir y fijar precios. El trabajador necesita estabilidad para que una devaluación no termine licuando nuevamente su salario.
Durante décadas, el dólar funcionó como termómetro de las crisis argentinas. Milei prometió cambiar de raíz ese funcionamiento económico.
Casi tres años después de asumir, la divisa estadounidense todavía tiene suficiente poder para volver a ocupar titulares con apenas moverse unos pesos.
Esa dependencia sigue siendo uno de los grandes problemas estructurales que la Argentina todavía no consiguió resolver.