En un acto ante fondos especulativos en Estados Unidos, Javier Milei aseguró que al país le sobran divisas. Mientras tanto, en los barrios argentinos los jubilados eligen entre comer o comprar remedios, las pymes quiebran y el poder adquisitivo toca mínimos históricos.
A miles de kilómetros de la realidad cotidiana de los argentinos, en los salones alfombrados del distrito financiero de Nueva York, Javier Milei volvió a montar un show a medida del poder financiero internacional. Ante banqueros y administradores de fondos de inversión, el mandatario libertario soltó una frase que raya la provocación deliberada: sostuvo con vehemencia que a la Argentina “le salen los dólares por las orejas” y que el proceso de ajuste fiscal en marcha es el más exitoso de la historia moderna.
La puesta en escena buscó seducir a un auditorio que aplaude el ajuste sobre los jubilados, la paralización de la obra pública y el congelamiento salarial, pero que en la práctica sigue sin hundir un solo dólar genuino en inversiones productivas.
La ficción financiera contra la heladera vacía
El contraste entre el discurso de Manhattan y la vida en cualquier rincón del país resulta insostenible. Mientras el Presidente alardea de una abundancia ficticia de divisas, los datos de la economía real desmienten el relato:
- Consumo por el piso: El consumo masivo y las ventas minoristas acumulan meses consecutivos de desplome libre, con caídas que golpean rubros tan sensibles como alimentos básicos, carnes, lácteos y farmacia.
- El drama previsional: El argumento oficial para vetar la recomposición jubilatoria y congelar el bono fue, de forma tajante, que “no hay plata”. Sin embargo, ante el capital especulativo se jactan de una bonanza monetaria inexistente.
- Producción al borde del abismo: La capacidad instalada de la industria nacional se encuentra en niveles de recesión profunda. Talleres, fábricas y pymes bajan sus persianas o suspenden personal ante la falta total de demanda interna y el encarecimiento desmedido de las tarifas.
¿Dólares para quién?
Detrás de la retórica eufórica se esconde el verdadero corazón del modelo libertario: una macroeconomía armada exclusivamente para garantizar el repago de la deuda externa y habilitar el carry trade para las corporaciones amigas, a costa del sacrificio de la inmensa mayoría de la población.
Las reservas netas del Banco Central no reflejan el florecimiento proclamado por el Ejecutivo. Gran parte de las divisas que ingresan se consumen en compromisos financieros con organismos multilaterales o en el esquema de importaciones que asfixia al trabajo argentino. Para los trabajadores informales, los asalariados bajo convenio y los adultos mayores que aportaron toda su vida, la única realidad palpable es la pérdida cotidiana del valor de su esfuerzo.
Un país sin destino sin soberanía productiva
El show de Wall Street evidencia la fractura definitiva entre las prioridades del Gobierno y las urgencias del pueblo. Pretender que sobran dólares en un país con la pobreza consolidada en niveles inadmisibles y hospitales públicos sin insumos no es solo un error de diagnóstico; es una demostración de indolencia y desprecio hacia la comunidad organizada.
La Argentina real no se mide por la cotización de los bonos en los monitores de Manhattan, sino por la dignidad del salario, las chimeneas encendidas y el plato de comida asegurado en la mesa de cada familia. Cuando el relato choca contra la realidad, ninguna ovación extranjera alcanza para tapar el descontento que crece en las calles.