BULLRICH ESTALLÓ CONTRA VILLARRUEL: “MAMARRACHO JURÍDICO” Y GUERRA LIBERTARIA POR LA LEY DE TIERRAS

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A horas de una votación clave en el Senado, el oficialismo volvió a mostrar sus fracturas internas. Patricia Bullrich apuntó directamente contra Victoria Villarruel por autorizar la participación virtual de Anabel Fernández Sagasti y la acusó de favorecer al kirchnerismo. Mientras millones de argentinos enfrentan problemas mucho más urgentes, el Gobierno queda otra vez atrapado en una feroz pelea de poder.

La interna del Gobierno nacional volvió a explotar y esta vez el escenario es el Senado. Patricia Bullrich salió con los tapones de punta contra Victoria Villarruel y calificó como un “mamarracho jurídico” la decisión de la vicepresidenta de habilitar excepcionalmente la participación virtual de Anabel Fernández Sagasti, quien atraviesa un embarazo avanzado y tiene una restricción médica que le impide realizar el viaje desde Mendoza hasta la Ciudad de Buenos Aires.

La controversia aparece en un momento especialmente sensible porque el Senado debe discutir la denominada Ley de Propiedad Privada y el nuevo esquema vinculado con los límites para la adquisición de tierras por parte de extranjeros. Una discusión que toca un nervio histórico de la Argentina: quién controla el territorio nacional y hasta dónde puede avanzar el capital extranjero sobre un recurso estratégico que no se fabrica, no se recupera y forma parte directa de la soberanía del país.

EL OFICIALISMO SE PELEA MIENTRAS SE DISCUTE LA TIERRA ARGENTINA

Bullrich sostuvo que el Reglamento del Senado no contempla actualmente el voto remoto y cuestionó que Villarruel pueda habilitarlo mediante una resolución individual. Según la jefa del bloque libertario, cualquier modificación de ese mecanismo debería ser debatida formalmente y conseguir el respaldo de los dos tercios de la Cámara.

“Lo que hizo Villarruel es un mamarracho jurídico”, disparó Bullrich. También afirmó que la vicepresidenta “no puede cambiar el reglamento de la Cámara” y llegó a comparar la decisión con intentar modificar reglas constitucionales por decreto. El enfrentamiento dejó de ser una diferencia administrativa: se transformó en una acusación política directa dentro del propio oficialismo.

Bullrich fue todavía más lejos al señalar que Villarruel estaría “militando para el kirchnerismo” al habilitar la participación de Fernández Sagasti. La frase expone hasta dónde llegó la ruptura libertaria. Ya no se trata solamente de diferencias de estilo entre Javier Milei y su vicepresidenta. Ahora integrantes centrales del espacio gobernante se acusan públicamente de beneficiar al adversario en una votación que puede resultar decisiva.

Mientras el Gobierno intenta presentar hacia afuera una imagen de fortaleza, puertas adentro vuelven a aparecer los reproches, las sospechas y las operaciones cruzadas. En lugar de una conducción política ordenada frente a un tema estratégico para la Nación, el espectáculo que recibe la sociedad es el de un oficialismo discutiendo quién manda y quién traiciona a quién.

UNA SENADORA EMBARAZADA EN EL CENTRO DE LA BATALLA

Fernández Sagasti explicó que cursa más de 32 semanas de embarazo y que posee una indicación médica que le impide viajar largas distancias tanto por vía terrestre como aérea. La legisladora no solicitó licencia porque sostiene que está en condiciones de trabajar y participar de las sesiones, aunque no puede trasladarse hasta Buenos Aires.

Villarruel autorizó su intervención remota bajo un régimen presentado como individual, excepcional y transitorio. La medida establece que la identidad de la senadora deberá verificarse y que su presencia virtual podrá ser computada para el quórum y las votaciones. Sin embargo, el pleno del Senado tendrá la palabra final sobre la aceptación de esta modalidad.

El detalle es fundamental porque la decisión no establece, según la resolución, un sistema permanente de votación virtual para todos los senadores. Precisamente allí aparece uno de los puntos más fuertes de la pelea: Bullrich sostiene que ni siquiera una excepción de estas características puede concederse sin modificar previamente el reglamento.

Resulta difícil ignorar, además, que toda la ofensiva política terminó colocando el embarazo de una legisladora en medio de una batalla por los números del Senado. Lo que podría haberse resuelto mediante una discusión institucional terminó convertido en otro capítulo de una interna oficialista cada vez más áspera.

DETRÁS DEL ESCÁNDALO ESTÁ LA LEY DE TIERRAS

La verdadera temperatura política aparece cuando se mira qué estará en juego en el recinto. El proyecto que modifica los límites vinculados con la compra de tierras por extranjeros generó cuestionamientos incluso entre sectores que habitualmente acompañan al Gobierno. Legisladores radicales, del PRO y de espacios provinciales comenzaron a mostrar dudas ante el temor de que una flexibilización pueda terminar favoreciendo una mayor extranjerización del territorio argentino.

Para una mirada nacional y popular, la discusión va mucho más allá de una planilla de inversiones. La tierra argentina forma parte de la soberanía nacional y cualquier modificación de sus mecanismos de protección exige un debate profundo, transparente y de cara a la sociedad. No alcanza con prometer inversiones si detrás de esas decisiones puede quedar comprometido el control futuro sobre recursos estratégicos, agua, producción, fronteras o regiones de enorme valor económico.

La posibilidad de que Fernández Sagasti participe agregó un voto más al tablero y alteró una cuenta que el oficialismo imaginaba más previsible. Allí puede encontrarse buena parte de la furia política que rodea el episodio. Porque cuando cada mano cuenta, una discusión reglamentaria deja rápidamente de ser jurídica y se convierte en una batalla por el resultado.

UN GOBIERNO QUE NO LOGRA ESCONDER SUS FRACTURAS

Bullrich anunció además que mantendrá una reunión con Villarruel para discutir personalmente la decisión. El encuentro promete tensión después de las durísimas declaraciones públicas de la senadora y confirma que el conflicto ya escaló hasta los niveles más altos del poder libertario.

Para los argentinos que todos los días cuentan monedas para llegar a fin de mes, pagan tarifas cada vez más pesadas y observan con preocupación qué ocurre con el trabajo y la producción nacional, la escena vuelve a resultar desconcertante. Mientras se discuten asuntos decisivos para el patrimonio del país, quienes gobiernan aparecen consumidos por una guerra interna que amenaza con transformar cada votación en un campo de batalla.

La discusión del Senado terminará definiendo si Fernández Sagasti puede votar de manera virtual, pero el problema político ya quedó expuesto. Bullrich y Villarruel protagonizan una nueva fractura dentro del oficialismo justo cuando está en juego una normativa sensible sobre las tierras argentinas.

Y detrás del “mamarracho jurídico”, las acusaciones de favorecer al kirchnerismo y la pelea por un voto aparece la pregunta que verdaderamente debería preocupar: ¿quién está defendiendo la tierra argentina mientras el poder se pelea consigo mismo?

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