“Tengo enemigos muy pesados”: El delirio místico de Milei mientras la calle arde y a vos no te alcanza.

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Hay dos Argentinas. Una es la que se vive en los supermercados, en las farmacias, en las fábricas que bajan persianas y en las mesas de los jubilados que cuentan las monedas para llegar al día 15. La otra es la que transcurre en la cabeza del presidente Javier Milei y en su cuenta de la red social X. Y el choque entre ambas ya es insostenible.

En las últimas horas, el Presidente volvió a sorprender con declaraciones que rozan lo místico y lo persecutorio. Afirmó estar enfrentando a “enemigos muy pesados” a nivel global y local, y, como si fuera poco, sostuvo sin ruborizarse que “el consumo está en máximos históricos”. La afirmación cayó como una burla pesada para millones de argentinos. No hizo falta que lo desmintiera la oposición: el propio INDEC y las consultoras económicas más afines al mercado demostraron que las ventas en supermercados y shoppings siguen en caída libre.

¿A quién le habla el Presidente? ¿Quiénes son esos “enemigos pesados”? ¿Serán los abuelos a los que les congelaron el bono? ¿Serán los dueños de las PyMEs que no pueden pagar la boleta de luz con un 300% de aumento? El dogmatismo libertario ha encerrado al mandatario en una burbuja de algoritmos y aplaudidores virtuales. Mientras él pelea batallas épicas contra el “comunismo internacional”, el verdadero enemigo de los argentinos —el hambre, la desocupación y la pérdida de soberanía— avanza a paso firme bajo su propia gestión.

Gobernar es explicar, pero sobre todo, es conectar con el sufrimiento de tu pueblo. Un líder que niega la recesión y se inventa un boom de consumo no solo está mintiendo: está demostrando una profunda crueldad. La calle arde, la paciencia se agota y el Congreso recula ante el costo político de acompañar este experimento. La realidad, tarde o temprano, siempre le gana a los trolls de internet.

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