Guerra en el Gobierno por el ajuste más cruel: Bullrich y Karina Milei enfrentadas por la poda de fondos a Discapacidad

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La pretendida cohesión del frente libertario saltó por los aires en las últimas horas. La presentación del proyecto de Presupuesto en el Congreso de la Nación no solo encendió las alarmas de la oposición y de las organizaciones sociales, sino que abrió una grieta interna de consecuencias impredecibles entre el riñón de Karina Milei y los sectores alineados con Patricia Bullrich. El detonante: un recorte masivo en las partidas destinadas a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), que compromete de forma directa pensiones no contributivas, terapias de estimulación y coberturas farmacológicas de alta complejidad.

La tijera presupuestaria, diseñada en las oficinas del Ministerio de Economía bajo la premisa de blindar el superávit primario a cualquier costo, tocó una fibra que detonó recriminaciones cruzadas en la Casa de Gobierno. Bullrich y sus principales espadas legislativas salieron a despegarse de la iniciativa, alertando sobre el costo político inasumible de votar semejante avasallamiento en el recinto, lo que fue leído por la Secretaría General de la Presidencia como un acto de “traición” y desobediencia manifiesta.

Una poda sin contemplaciones humanas

Los números del proyecto oficial son categóricos: los fondos para prestaciones básicas de discapacidad sufrirán un recorte real que supera los dos dígitos, asfixiando a transportistas, centros de día, terapeutas y familias que dependen del apoyo del Estado para subsistir. A esto se suma el endurecimiento arbitrario de las auditorías de pensiones, diseñadas con un criterio fiscalista de exclusión automática más que de saneamiento administrativo.

En los despachos de Balcarce 50, la directiva de Karina Milei fue terminante: no se modifica una coma del plan de ajuste. Sin embargo, en el bloque de diputados afines la resistencia crece hora a hora. Varios legisladores advierten que avalar con su voto la quita de tratamientos médicos a niños y adultos con capacidades diferentes significaría una condena social y moral irreversible en sus provincias.

Gritos, reproches y desmarques

Las reuniones de emergencia de este fin de semana en Jefatura de Gabinete reflejaron el clima de descomposición interna. Mientras Bullrich reprochó no haber sido consultada sobre la magnitud del hachazo en áreas de alta sensibilidad social, desde el círculo íntimo presidencial le recordaron los compromisos asumidos al integrarse al Gobierno y le reprocharon jugar una agenda propia de cara al armado electoral venidero.

El enfrentamiento desnuda que en la cúpula del poder ya no rige un proyecto colectivo, sino un sálvese quien pueda. Quienes llegaron prometiendo exterminar privilegios de la política terminaron convirtiendo las necesidades más elementales de la población vulnerable en una moneda de cambio para disciplinar a socios reticentes.

La ruptura de la Comunidad Organizada

La doctrina justicialista enseñó que la verdadera grandeza de una patria reside en la protección que brinda a sus miembros más desamparados. Para la cosmovisión anarcocapitalista, en cambio, la persona con discapacidad es reducida a un renglón deficitario en una hoja de cálculo.

El modelo económico actual demuestra que no se trataba de combatir excesos burocráticos: el objetivo de fondo es el desmantelamiento programado de la solidaridad social. Cuando el Estado abdica de su rol de escudo de los débiles, la sociedad queda a merced de la ley de la selva. El quiebre interno del oficialismo por la caja de Discapacidad no responde a un repentino ataque de empatía de sus ministros, sino a la certeza de que el pueblo argentino ha fijado un límite moral infranqueable ante tanta indolencia.

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