LA DROGA ENTRÓ A LA PRIMARIA: UN ALUMNO DE 12 AÑOS LLEVÓ MARIHUANA A LA ESCUELA

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Un estudiante fue descubierto con varios envoltorios dentro de su mochila en una escuela de Maipú, Mendoza. El episodio expuso una realidad alarmante: mientras el Gobierno nacional predica el retiro del Estado, las instituciones educativas quedan cada vez más solas frente a situaciones de extrema vulnerabilidad infantil.

Un alumno llevó marihuana a la escuela primaria y encendió una alarma que supera ampliamente los límites de un aula. El estudiante, de apenas 12 años, tenía varios envoltorios en su mochila y, según la información conocida, habría intentado entregarlos a otros compañeros de sexto grado.

El hecho ocurrió en la Escuela Primaria N.º 1-741 Reverendo Padre Francisco Mühn, ubicada en Rodeo del Medio, departamento de Maipú. Otro alumno advirtió la presencia de la sustancia y dio aviso inmediato a las autoridades del establecimiento.

La rápida reacción permitió activar el protocolo escolar. Sin embargo, detrás del procedimiento quedó expuesta una pregunta mucho más grave: ¿cómo puede llegar la droga a las manos de un niño de 12 años sin que antes haya fallado todo un sistema de protección?

UNA MOCHILA ESCOLAR CON MARIHUANA

La situación comenzó durante la tarde del miércoles, cerca de las 17 horas. Un estudiante informó a la dirección que dos compañeros tenían envoltorios sospechosos dentro del colegio.

Ante la advertencia, los directivos convocaron a los alumnos involucrados y revisaron sus pertenencias. Dentro de una de las mochilas encontraron varias bolsitas que contenían marihuana.

Uno de los menores aseguró que desconocía el origen de la sustancia y señaló que su hermano mayor podría haberla colocado allí. Otro estudiante sostuvo que el compañero había llevado la droga con la intención de repartirla entre el resto del curso.

Las autoridades citaron a las familias y llamaron al 911. Poco después llegó personal especializado de la Policía de Mendoza, que procedió al secuestro de los envoltorios.

Hasta el momento no se informó oficialmente la cantidad total encontrada. La investigación deberá establecer de dónde salió la marihuana, quién permitió que llegara hasta el menor y qué condiciones rodean a los niños involucrados.

CUANDO EL ESTADO SE RETIRA, LA INFANCIA QUEDA EXPUESTA

El caso no puede reducirse a una mochila, una llamada policial y un expediente judicial. Un niño de 12 años no aparece con droga por generación espontánea. Detrás de ese episodio puede existir abandono, falta de contención, circulación de sustancias en el entorno familiar o ausencia de organismos capaces de intervenir antes de que la situación explote.

Mientras el Gobierno nacional celebra el ajuste, desprecia la presencia estatal y convierte cada política social en un gasto que debe recortarse, las escuelas reciben conflictos cada vez más complejos con recursos cada vez más limitados.

La educación pública necesita psicólogos, trabajadores sociales, equipos interdisciplinarios y programas permanentes de prevención. No alcanza con pedirles a los docentes que enseñen, contengan, detecten consumos, enfrenten situaciones familiares críticas y, además, resuelvan solos las consecuencias del abandono estatal.

El discurso libertario sostiene que el Estado debe correrse. La realidad demuestra exactamente lo contrario: cuando el Estado desaparece, los más poderosos se protegen y los chicos quedan expuestos.

UN PROTOCOLO QUE NO PUEDE TERMINAR EN LA POLICÍA

El procedimiento previsto para estos casos establece que la dirección debe informar a las familias, elaborar un acta interna, comunicar el episodio a la Fiscalía y convocar a los organismos de acompañamiento escolar.

Esos equipos tienen la responsabilidad de evaluar el contexto de los menores, brindar contención y determinar si necesitan asistencia psicológica, social o familiar. La intervención debe proteger a los niños, no convertirlos en responsables absolutos de una situación que probablemente los excede.

Sin embargo, el Equipo Técnico Interdisciplinario de Maipú no habría intervenido directamente y habría derivado el caso hacia la Policía especializada. Esa decisión generó preocupación dentro de la comunidad educativa.

Secuestrar la marihuana era indispensable, pero no suficiente. La respuesta no puede agotarse en retirar la sustancia y cerrar una actuación administrativa. También hace falta investigar qué adultos rodean a los menores y por qué la droga terminó dentro de una escuela primaria.

LA ESCUELA NO PUEDE LUCHAR SOLA

El alumno llevó marihuana a la escuela primaria y dejó al descubierto una emergencia social que ningún comunicado oficial puede ocultar. Cuando las sustancias prohibidas llegan al aula, el problema ya atravesó demasiadas barreras sin que nadie pudiera detenerlo.

Las instituciones educativas son uno de los últimos espacios de protección que conserva la comunidad. Allí aparecen el hambre, la violencia familiar, los problemas de salud mental y las consecuencias de una sociedad cada vez más desigual.

Frente a esa realidad, el Gobierno nacional insiste con una política de ajuste que debilita los servicios públicos y presenta la asistencia social como un privilegio. Esa mirada abandona a los sectores más vulnerables y deja a docentes y familias enfrentando problemas que requieren una respuesta integral.

Desde una concepción justicialista, la infancia debe ocupar el centro de las políticas públicas. Los niños necesitan derechos garantizados, familias acompañadas y un Estado presente que actúe antes de que la droga llegue a la mochila.

LA JUSTICIA INVESTIGA EL ORIGEN DE LA SUSTANCIA

El episodio quedó bajo análisis de la Fiscalía de Maipú, que deberá determinar los próximos pasos. Las medidas podrían incluir entrevistas con los padres, evaluaciones del entorno familiar, visitas domiciliarias y derivaciones para recibir asistencia profesional.

Las autoridades educativas informaron que el protocolo fue activado. A partir de ahora, la investigación deberá establecer cómo llegó la marihuana hasta el estudiante y si existieron adultos responsables detrás de la situación.

La identidad de los menores debe permanecer protegida. No corresponde condenar públicamente a dos niños, sino exigir que los organismos competentes investiguen y brinden el acompañamiento necesario.

Lo sucedido en Mendoza representa una advertencia brutal. Cuando un alumno de 12 años ingresa a una escuela con marihuana, no fracasa solamente una familia: fracasa una estructura de prevención que fue debilitada, fragmentada o directamente abandonada.

La respuesta no puede ser más ajuste, menos educación y menos asistencia. Hace falta exactamente lo contrario: comunidad organizada, políticas de prevención, equipos profesionales y un Estado que proteja a los chicos antes de que sea demasiado tarde.

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